#ContraelEstigma: Hablemos de problemas de salud mental, condiciones, trastornos, de lo psicoafectivo…

Me sumo a la campaña #ContraelEstigma, y celebro la existencia de una organización como la Confederación Salud Mental España. Aquí la descripción de esta confederación según su página web:

La Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA es una entidad sin ánimo de lucro y de interés social que surgió en 1983.  En la actualidad, integramos a 19 federaciones autonómicas y asociaciones uniprovinciales, las cuales agrupan a más de 300 asociaciones y suman más de 47.000 socios y socias en todo el territorio estatal.

Desde junio del año 2015 FEAFES pasa a denominarse Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA, ofreciendo a la sociedad una visión positiva, que se acerca más al concepto de “salud mental” y se aleja del de “enfermedad mental. De esta forma, se propicia que el conjunto de la sociedad se sienta interpelada directamente por el mensaje de la Confederación, ya que el nuevo nombre diluye la diferenciación entre personas sanas y personas con enfermedad, en tanto que todos debemos cuidar la salud mental.

Nuestra misión es mejorar la calidad de vida de las personas con problemas de salud mental y sus familias, defender sus derechos y representar al movimiento asociativo.

Me extraña que en pleno 2017 una organización como la descrita siga empleando el término “enfermedad mental”. Se quiera o no, es un término impreciso (no todas las afecciones a la salud —ni a la salud mental— son enfermedades). Se use o no con intención peyorativa, es un término con carga peyorativa (“enfermo mental” está amplia y tristemente extendido como término despectivo).

Sería más prudente seguir hablando de problemas de salud mental como ya hacen en su presentación. O de afecciones a o condiciones de la salud mental. O de padecimientos mentales. Si están diagnosticados, trastornos. También podría hablarse más de problemas psicoafectivos, que son los predominantes en la población, y devolver así la dimensión emocional a la discusión sobre la salud “mental”. La dimensión emocional es universal, porque todos somos susceptibles y a todos nos concierne. Adoptarla y promoverla es involucrarnos a todos en la promoción de la salud mental.

A continuación una lista de algunos tuits de los últimos 2 o 3 años que hacen uso de este término, publicados por Confederación Salud Mental España o por cuentas asociadas. Con mucho gusto transcribiré aquí cualquier respuesta o aclaración de esta respetable Confederación al respecto.

Esto es solo un pequeño aspecto que quería comentar sobre la labor de difusión de este colectivo. Por todo lo demás, reconozco y aplaudo su labor y su trayectoria. ¡Gracias! Celebro que nos encontremos en este camino hacia la cultura de la salud mental.

Abrazos,
Ricardo Sala, ricardélico

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Gun regulation has to improve, but so does mental health literacy

I respect Mr Fareed Zakaria’s work as an analyst in politics and world affairs. But some of his statements in his recent (october 5, 2017) Washington Post article Talking about mental health after mass shootings is a cop-out need to be clarified.

Yes, gun regulation has to improve. But so does mental health literacy. When Mr Fareed states people who have mental disorders are not inherently highly prone to violence, he totally misses the point. His statement may well be true regarding the total population of persons with mental health problems. But there is a segment within this population which is highly prone to violence. The useful question to be answered here would be, What are the mental health conditions of a person capable of such violence against his fellow human beings? Most mental health experts, and the literature as well, would agree the shooter was some sort of psychopath or sociopath — the technical DSM–5 term is Antisocial Personality Disorder. The useful question which follows is, What can we do to prevent such violent behavior? Early detection and attention of these particularly antisocial conditions, as well as of their causes, risk factors and protective factors, should be encouraged when designing and applying safety, educational, and other public policies.

A first version of this post was published as a comment to the original article in the Washington Post.

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La salud mental del tirador de Las Vegas

Hoy 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. Para celebrar la ocasión vamos a aclarar algunas imprecisiones que aparecen en un reciente artículo publicado en inglés y en español esta misma semana. Escrito por Fareed Zakaria, un destacado periodista y articulista de opinión basado en Nueva York, la versión en español que comento aquí apareció en El Confidencial y se titula Hablar sobre ‘enfermedad mental’ tras un tiroteo masivo es echar balones fuera.

Antes de comenzar propiamente con mi reseña de crítica constructiva, aclaro que soy un mero ciudadano de a pie cuyas credenciales son 1.- Un interés en desarrollar el tema de la salud mental en la política pública, en la cultura popular, y en los discursos académico y del “círculo rojo”; 2.- Una licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la UAM-X, carrera connotada en esta institución en particular por especializarse en análisis del discurso, así como una maestría aún sin concluir en Filosofía y Crítica de la Cultura; y 3.- Una trayectoria como activista en el desarrollo de políticas públicas y cultura sobre drogas y, más recientemente, sobre salud mental. Reitero que soy un “ciudadano de a pie” porque esto por sí mismo, además de la solidez de los argumentos que expongo y que la propia lectora juzgará, debiera servir como justificación suficiente para validar mi punto de vista.

En primer lugar agradezco que un periodista con la trayectoria y el reconocimiento del Sr Fareed aborde el tema de la salud mental, en un entorno mediático a menudo ingrato para con quienes nos hemos atrevido a abordarlo. El solo hecho de atreverse a colocar el tema sobre la mesa es de valientes.

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La primera imprecisión se encuentra en el título mismo, y no es atribuible a Fareed sino al trabajo de traducción. Resulta común traducir mental illness como enfermedad mental, pero por más expandida que sea esta práctica, esto no significa que sea correcta. Illness no es enfermedad. Disease es enfermedad. La palabra illness por sí misma se traduce unas veces como malestar y otras como padecimiento, y no todos los malestares o padecimientos son enfermedad. Además, se quiera o no el término enfermedad mental conlleva cierta carga peyorativa que puede evitarse: considérese lo despectivo del término enfermo mental. Una traducción más correcta para Mental illness, en este caso en particular, puede ser Padecimiento mental o Trastorno mental.

La segunda imprecisión consiste en señalar en el subtítulo que no existe una correlación entre salud mental y muertes por armas de fuego. Esta afirmación no se respalda en ninguna parte del artículo. Por cierto que, a continuación en este mismo subtítulo, Fareed deja ver claramente sus intenciones: denunciar los intereses que evitan que se hable de regular la venta de armas de fuego, y de que se correlacione esta regulación con los actos de violencia. Intención noble y loable, pero que —para su propio beneficio incluso— no debería distorsionar las nociones mínimas sobre nuestra salud mental como un tema de interés común.

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No tenía un historial de enfermedad mental que sepamos. Ésta es la tercera imprecisión. La mayoría de los especialistas en salud mental coincidirían en que este sujeto padecía de algún tipo de patología psicosocial (lo que el DSM–5 clasifica como Antisocial Personality Disorder).

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Aquí la cuarta imprecisión, y la que me parece más importante aclarar. Afirmar que las personas con desórdenes mentales no son inherentemente propensas a la violencia bien puede ser cierto. Pero también lo es que las personas con ciertos desórdenes mentales específicos sí son inherentemente propensas a la violencia: concretamente, aquellas con patologías psicosociales.

La pregunta que esta afirmación presupone está de origen mal formulada. Bajo su misma lógica se podría argumentar que tampoco las personas sin desórdenes mentales son inherentemente propensas a la violencia. Si es el caso que ni las personas con desórdenes mentales, ni aquellas sin desórdenes mentales, son inherentemente propensas a la violencia, entonces qué sentido tiene formular cualquiera de las dos afirmaciones. La afirmación además pretende dividir a la población en personas con y personas sin desórdenes de salud mental, siendo que en la realidad todos los seres humanos somos sujetos de padecer malestares o trastornos de la salud mental en algunos momentos de nuestras vidas. Esta división proviene de un enfoque que considero en cierta medida discriminatorio y de poca utilidad a la hora de avanzar en la discusión sobre las prácticas, la cultura, y las políticas en torno a la atención de nuestra salud mental.

La pregunta correcta en todo caso podría formularse de esta manera: ¿Cuáles son las condiciones de la salud mental de una persona capaz de violentar así a sus semejantes? Planteada de esta forma, la pregunta comienza a abrir el camino para la formulación de más preguntas y el encuentro de soluciones y propuestas. ¿Qué factores originan estas condiciones, a todas luces de alto riesgo para la sociedad, haya o no acceso a armas de fuego? ¿Cómo se aplica su detección temprana, así como su atención? ¿Cuáles son las herramientas con que contamos, como individuos y como colectividades, para detectar y atender estos factores de riesgo? ¿Cuáles son las mejores prácticas, cuáles los factores de protección que podemos aplicar, desde la formación de nuestros hijos, desde la educación, el desarrollo social, o la atención médica?

Por supuesto que es prudente y deseable regular el acceso a un factor de riesgo tal como la posesión y el uso de armas de fuego. Justamente al abordar el tema de la salud mental en forma apropiada pueden surgir preguntas más útiles para la especificidad del caso. Por ejemplo, ¿Cómo valorar la condición de la salud mental de quienes desean acceder al uso de armas de fuego? ¿Qué buscar? ¿Cuándo y cómo conducir a la persona con condiciones de psicopatología social hacia prácticas que reduzcan sus tendencias antisociales, acceda o no al uso de armas de fuego? ¿Cómo diseñar e implementar campañas que incrementen la sensibilidad y la respuesta oportuna de la sociedad?

Sí que tiene sentido, y mucho, hablar de promoción de la salud mental para prevenir la violencia. Esta afirmación se respalda en una amplia bibliografía de investigación, y por supuesto, en el sentido común. Quien se interese en el tema puede comenzar por revisar Promoting Mental Health, un reporte publicado por la Organización Mundial de la Salud (ONU) en 2005.

Reitero mi reconocimiento al Sr Fareed por poner el tema sobre la mesa, y por insistir en la importancia de la regulación del acceso a las armas de fuego.

¡Salud! Y que todos los días sean Día Mundial de la Salud Mental.

Ricardélico, Ciudad de México, 10 de octubre de 2017

Aquí el artículo original de Fareed Zakaria publicado en el Washington Post: Talking about mental health after mass shootings is a cop-out. Mi comentario publicado en la web del mismo artículo, y en mi Facebook.

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Drug Use as a Mental Health Issue: What We Can Do

A call for our mental health culture

 

Mental health is a public issue not talked about, not dealt with, unexplored, avoided. Like drug use, or perhaps even more so. In the news, in social media, and in daily conversation, we hear and talk about mental health mainly to discredit someone for the lack of it. Just like we still hear and talk about drugs mainly to discredit people who use them. When in search for an explanation or culprit regarding a tragedy, if we barely scratch the surface and find even a hint of mental health issues, we are certain we don’t have to look any further… The topic of mental health evokes the figure of such a convenient public enemy.

The mind and its health are almost a socially forbidden topic, a taboo. So much so that, when health is first mentioned in a conversation, it is generally assumed as physical health. How’s your health doing lately? Good, or I’ve got a flu, or My back has been hurting lately. Oh, you mean my mental health? Of course that’s none of your business! The mind, its workings and components, including feelings and desires, is such a private, intimate issue. But instead of talking about our minds and emotions as the closest experiences to ourselves and thus the ones we are the most familiar with, we assign psychiatrists and neurologists as the only qualified experts because the brain is such a complex mystery. Or maybe it’s like, in a culture dominated by the value of freedom, nobody is allowed to question freedom of choice, or where this freedom comes from…

Whatever the reasons, this lack of public concern for mental health does no good to drug policies. The first thing a person with drug or alcohol problems needs is specialized and kind attention regarding his or her mental health issues: drug use in all its diversity can only be but one aspect of mental and emotional health. And the first thing any person needs to prevent drug or alcohol problems is, once again, specialized and kind, mental and emotional health attention. This includes early detection during childhood and adolescence, not only of disorders such as anxiety or depression, also of other risk factors such as asocial behaviour and violent environments.

Persistance on problematic drug use is a mental health issue, and needs to be addressed as such at the prevention level, at the harm reduction level, and at the treatment level. But mental health is even more stigmatized than drug use. So how do we advance the development of better mental health policies, practices, and culture?

We can shift attention to mental health as an issue broader than mental illness:

  • We can refer to mental health as an issue concerning more than our thought processes; also our emotions, our well-being in the deepest, truest sense of what we are; the state and quality of our subjective experience as human beings.
  • We can point to all the resources we have available. Not only psychiatry and psychotherapy. Human knowledge and practices everywhere have a lot to say and teach to us about mental health, as communities and as society. Maybe it has not been called mental health but Well-Being, or Knowledge, or Philosophy, or Unity with the Spirit, or Buddhism or Christianity or having the Force Be with You. The health of our spirit or, if you are an atheist, the health of our consciousness, has been our main topic of interest since we are humans.
  • And we can attend our common sense of humanity: what our shared morality can do, whether we are “specialists” or not. To identify and reduce the risks, to protect the mental health environment, and to develop it.

Mental health should not evoke mental illness. In the first place, mental health should evoke promotion. It should be taken care of when developing, applying, and measuring the outcome of policies in all areas. It should be considered in every case of human interaction.

At any level, as soon as mental health is regarded in a positive sense, this same proactive attitude will start taking care of drug issues.

September 1st edit: So I’ve changed or added a very few things —including the subtitle— and am coloring them dark cyan.

This blog entry is dedicated to Estudiantes por una política sensata de drogas capítulo México; to Peta de Aztlán in Sacramento, CA (symbolically representing all humane beings which I have met solely through social web media); and to all persons working in mental health and harm reduction. If you find it usefulplease share!

References: Promoting mental health : concepts, emerging evidence, practice : summary report / a report from the World Health Organization, Department of Mental Health and Substance Abuse in collaboration with the Victorian Health Promotion Foundation (VicHealth) and the University of Melbourne. © World Health Organization 2004

Image artwork: María Sabina, by Nico Rosenfeld, in Pijama Surf

MariaSabinaNicoRosenfeld

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Preguntas de Estado sobre la regulación de la cannabis

Aquí algunas preguntas que nos podemos hacer como Estado mexicano, partiendo del hecho de que la cannabis tiene (o contiene) propiedades psicoactivas y propiedades medicinales.

  • ¿Existe una correlación entre las propiedades psicoactivas y las propiedades medicinales? ¿Qué tan estrecha es; cómo es?
  • ¿Por qué y Cuándo es deseable evitar los efectos psicoactivos?
  • ¿Es un derecho consumir para obtener los efectos psicoactivos? ¿Cuándo y hasta qué punto?
  • ¿Hasta cuándo, o hasta dónde, se justifica emplear recursos públicos (y arriesgar vidas) para limitar el acceso a la cannabis por parte de personas mayores de edad?

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  • ¿Cuál es la evidencia de los daños por consumo de cannabis? ¿Cuándo hay daños y cuándo no? ¿Cuáles son otros factores de riesgo involucrados? ¿Cuáles son los factores de protección involucrados? ¿Qué hacer para atenderlos mejor?
  • ¿Cuál es el bien jurídico tutelado? ¿La salud, la salud integral, la salud física, mental y emocional?
  • ¿Dónde está la evidencia de las mejores prácticas para prevenir, tratar y atender?
  • ¿Cómo integrar la voluntad, la colaboración y la corresponsabilidad ciudadanas?

Éstas son el tipo de preguntas que podemos hacernos como Estado mexicano, libre de prejuicios, y con miras a lograr el bienestar de las y los mexicanos.

ricardélico
ciudad de méxico, julio de 2017

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Imagino luego existo: Descartes

descarteslookingflyRené Descartes, el filósofo francés del siglo diecisiete, es más famoso por su “Pienso, luego Existo” (en latín Cogito ergo Sum) formulado en el Discurso del Método, así como en la segunda de sus seis Meditaciones metafísicas. Las Meditaciones Metafísicas de Descartes son conocidas además por el planteamiento hipotético del “genio maligno”, el que utiliza “toda su industria” para engañarnos; tal vez recuerden haber repasado esta historia en la Secundaria o así. Bueno, pues en la misma segunda meditación tan solo dos párrafos después de formular el “Pienso luego Existo”, Descartes atribuye un significado a “pensar” más amplio que en otras ocasiones. Descartes describe este “pienso” en términos que incluso podrían parecer inapropiados para uno de los fundadores modernos del Racionalismo. Cogito o “pensar” no se queda solo en “razonar”, pues abarca las experiencias de la conciencia en forma más general. Una definición que se parece más al “testigo” de la experiencia (de las percepciones, de las emociones, de los procesos mentales…) descrito en las tradiciones orientales sobre meditación. No digo más, juzguen ustedes mismos:

En suma, ¿qué soy? Una cosa que piensa. ¿Y qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, no quiere, imagina y siente. No es poco, si todas esas cosas pertenecen a mi naturaleza. ¿Y por qué no habrían de pertenecerle? ¿No soy yo el que ahora duda casi de todo, el que entiende y concibe ciertas cosas, el que asegura y afirma otras como verdaderas, el que niega todas las demás, el que quiere y desea más conocimientos, el que no quiere ser engañado, el que imagina muchas cosas, y siente otras como por el intermedio de los órganos del cuerpo? ¿No es esto tan cierto como que yo soy y existo, aun cuando ahora estuviera soñando o el que me ha dado el ser se sirva de toda su industria para engañarme? Alguno de esos atributos ¿puede ser distinguido de mi pensamiento, o separado de mí? Es tan evidente que soy yo el que duda, el que entiende, el que desea, que nada hay que añadir para explicarlo. Tengo también el poder de imaginar; aunque no sean verdaderas las cosas que imagino, no es menos cierto que en mí reside el poder de imaginar y que forma parte de mi pensamiento. Finalmente, soy el mismo que siento; percibo ciertas cosas como por los órganos de los sentidos, puesto que veo la luz, oigo el ruido, siento el calor. Se me dirá que estas apariencias son falsas y que estoy soñando. Aunque así sea, siempre es cierto, por lo menos, que me parece ver la luz, oír el ruido y sentir el calor; esto no puede ser falso; es, propiamente, lo que en mí se llama sentir, lo cual equivale a pensar. Ya comienzo a comprender lo que soy con un poco más de claridad que antes.

¡Un gran pasaje olvidado de la filosofía occidental!

RENÉ DESCARTES, Meditaciones metafísicas, segunda meditación, décimo párrafo. Editorial Porrúa, SA; edición “Sepan Cuantos…” número 177, México, 1971. Página 60. Versión española de Manuel Machado, revisada. Primera publicación: Ámsterdam, 1641.

Wikipedia: Meditations on First Philosophy

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Tres documentos de política pública… para comenzar a hablar de #SaludMental

¿Cómo miramos desde nuestras políticas a la salud mental? En México, a juzgar por un diagnóstico que impulsó la OMS en 2011 y por el Plan Nacional de Desarrollo, como atención a los casos que requieren internamiento psiquiátrico. ¿Es suficiente esta mirada médico-psiquiátrica? ¿Qué pasa con atender (y promover) la salud mental como un asunto de bienestar personal y social, como un fin común?




Salud mental como
bienestar personal y social: OMS 2004


promsaludmentaloms2004

Promoción de la salud mental. Conceptos, evidencia emergente, práctica

“Describe el concepto de la salud mental y su promoción. Intenta alcanzar un nivel de consenso sobre las características comunes de la salud mental así como en las variaciones que existen entre las diferentes culturas. El Informe también coloca la promoción de la salud mental dentro del contexto más amplio de promoción de la salud y salud pública”

2004, Organización Mundial de la Salud, Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias en colaboración con la Fundación Victorian para la Promoción de la Salud (VicHealth) y la Universidad de Melbourne


La única traducción en internet que he encontrado es un PDF con errores de traducción –entre ellos destaca el crédito en el prólogo– y con texto codificado que no se puede copiar para pegar. Aquí el original en inglés: Promoting mental health. Concepts, Emerging Evidence, Practice. A continuación algunos fragmentos con traducción corregida por Ricardo Sala, tomados de la ficha bibliográfica correspondiente en Drogas México: Promoción de la Salud Mental:

Parte III: Política y práctica

Esta sección considera la forma de avanzar en la elaboración de marcos generales para políticas en los sectores gubernamentales y comerciales pertinentes, y en generar cambios sostenibles en las comunidades locales.

La salud mental es asunto de todos

[…]

Las actividades para la promoción de la salud mental pueden ser incorporadas funcionalmente en la promoción de la salud, aunque la intencionalidad requiere mantenerse diferenciada. Teniendo en mente la íntima conexión entre salud física y mental, muchas de las intervenciones diseñadas para mejorar la salud mental también promoverán la salud física y viceversa. La salud y la salud mental son afectadas por las políticas de sectores no relacionados con la salud y por una gama de intervenciones comunitarias.

Las acciones que promueven la salud mental a menudo tienen, como un importante resultado, la prevención de los trastornos mentales. La evidencia indica que la promoción de la salud mental también es efectiva para prevenir una gama completa de padecimientos y riesgos que se relacionan con la conducta. Esto puede ayudar, por ejemplo, en la prevención del hábito de fumar y del sexo no seguro, y por lo tanto, del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) o el embarazo entre adolescentes. Estos no son trastornos mentales. En efecto, el potencial de la promoción de la salud mental para prevenir trastornos mentales es más bien bajo en comparación con el aporte potencial a la prevención de las conductas antisociales y que perjudican a la salud (Orley & Weisen 1998).

Promoción de la salud mental: un importante componente de la política de salud mental

La promoción de la salud mental necesita ser integrada como parte de las políticas con el fin de proporcionarle el estatus y la dirección estratégica necesarias para su implementación exitosa. La política de salud mental es un conjunto organizado de valores, principios y objetivos para mejorar la salud mental y reducir la carga de los trastornos mentales en una población. Cuando está bien formulada, la política de salud mental identifica y facilita acuerdos de acción entre las diferentes partes interesadas, asignando roles y responsabilidades definidas. Si la política de salud mental se elabora como parte de la política social más amplia (en lugar de como una política por sí misma o subsumida dentro de la política de salud general), es muy probable que el énfasis en la promoción de la salud mental sea más significativo. Existen más oportunidades para comprometer a una variedad de partes interesadas y representando a diferentes sectores, en la elaboración e implementación de la política.


MENSAJES CLAVE

Sin salud mental no hay salud

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define salud como:

…un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia (OMS 2001, p. 1).

La salud mental es definitivamente una parte integral de esta definición. Las metas y tradiciones de la salud pública y promoción de la salud se pueden aplicar con igual beneficio al campo de la salud mental y a los campos de la salud cardiaca, enfermedades infecciosas y control del tabaco.

La salud mental es más que la ausencia de enfermedad mental: es vital para los individuos, familias y sociedades

La OMS describe la salud mental como:

…un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad (OMS 2001a, p. 1).

En este sentido positivo, la salud mental es la base para el bienestar y funcionamiento efectivo de un individuo y una comunidad. Este concepto medular de salud mental es consistente con su interpretación amplia y variada en las diferentes culturas.

La salud mental está determinada por factores socioeconómicos y ambientales

La salud mental y las enfermedades mentales están determinadas por muchos factores de interacción social, psicológica y biológica, de la misma forma en que lo están la salud y la enfermedad en general. La evidencia más clara de esto se relaciona con el riesgo de las enfermedades mentales, las cuales, en el mundo desarrollado y en vías de desarrollo está asociado con indicadores de pobreza, incluyendo bajos niveles de educación y, en algunos estudios, con malas condiciones habitacionales y bajo ingreso. La mayor vulnerabilidad que tienen las personas en desventaja, en cada comunidad, a las enfermedades mentales, se puede explicar mediante factores tales como la experiencia de vivir en inseguridad y desesperanza, el rápido cambio social y los riesgos de violencia y problemas de salud física.

La salud mental está vinculada a la conducta

Los problemas mentales, sociales y de conducta pueden interactuar en forma tal que intensifican sus efectos sobre la conducta y el bienestar. El abuso de sustancias, la violencia y los abusos de mujeres y niños por una parte, y los problemas de salud tales como enfermedad cardiaca, depresión y ansiedad por la otra, tienen mayor prevalencia y son más difíciles de afrontar cuando existen condiciones de altos niveles de desempleo, bajo ingreso, educación limitada, condiciones estresantes de trabajo, discriminación de genero, estilo de vida no saludable y violaciones a los derechos humanos.

Las intervenciones efectivas de salud pública pueden mejorar la salud mental

El mejoramiento de la salud cardiaca en varios países ha estado mas relacionado con la atención a las políticas relativas al ambiente, el tabaco y la nutrición que con medicinas o técnicas de tratamiento especificas. Los efectos adversos que tienen las cambiantes condiciones ambientales sobre la salud cardiaca se han reducido en diferentes grados gracias a acciones en múltiples niveles. Igualmente, los estudios han demostrado que las políticas y prácticas no saludables pueden afectar la salud mental, por ejemplo en vivienda, educación y atención infantil. Esto acentúa la necesidad de evaluar la efectividad de las intervenciones de políticas y prácticas en diversas áreas de la salud y no relacionadas con la salud. A pesar de existir incertidumbres y diferencias en la evidencia, conocemos lo suficiente acerca de los vínculos entre experiencia social y salud mental para saber que urge la aplicación y evaluación de intervenciones de políticas y prácticas localmente apropiadas para promover la salud mental.

La acción colectiva depende por igual de los valores compartidos como de la calidad de la evidencia científica

En algunas comunidades, las prácticas y formas tradicionales de vida contribuyen a mantener la salud mental, aun cuando esta no fuese la intención explícita de las mismas. En otras comunidades, las personas necesitan estar convencidas de que es factible y vale la pena hacer un esfuerzo para mejorar la salud mental.

Un ambiente que respete y proteja los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales básicos es fundamental para la promoción de la salud mental

Si no se cuenta con la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos, es muy difícil mantener un alto nivel de salud mental.





Salud mental como
atención al internamiento psiquiátrico:
México 2011 y 2013


informesaludmental2011Informe sobre el sistema de salud mental en México

Informe de la evaluación del sistema de salud mental en México utilizando el Instrumento de Evaluación para Sistemas de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud (IESM-OMS)

2011, Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud, y Secretaría de Salud

Del total del presupuesto asignado a la salud, solamente el 2% es orientado a la salud mental; de este monto, se destina el 80% a la operación de los hospitales psiquiátricos; dadas estas condiciones, las acciones enfocadas al trabajo comunitario se ven reducidas.

El eje de la atención de la salud mental es el tercer nivel, ejemplo de ello es que existen 46 hospitales psiquiátricos frente a 13 unidades de internamiento psiquiátrico en hospitales generales y 8 establecimientos residenciales. Aunado a lo anterior, el acceso se ve limitado por barreras geográficas, ya que la mayoría de estos servicios se ubican en las grandes metrópolis o cercanas a ellas.

Se cuenta con 544 establecimientos de salud mental ambulatorios que ofrecen atención a 310 usuarios por cada 100,000 habitantes en contraste con los hospitales psiquiátricos que atienden a 47 usuarios por cada 100,000. La mayoría de los pacientes son adultos; la población de niños y adolescentes asciende a 27% en unidades ambulatorias y a 6% en hospitales psiquiátricos. Estas cifras resultan preocupantes si consideramos que la edad de inicio de la mayoría de los trastornos psiquiátricos se encuentra en las primeras décadas de la vida; tal como lo reportó la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, en la cual, se señala que el 50% de los trastornos mentales inician antes de los 21 años de edad (Medina-Mora y cols; 2003; 2005). De acuerdo con otros estudios, 24.7% de los adolescentes se encuentran afectados por uno o más problemas de salud mental. Los trastornos más recurrentes entre adolescentes son problemas de aprendizaje, retraso mental, trastornos de ansiedad y por déficit de atención, depresión y uso de sustancias, así como intentos de suicidio (Benjet y cols; 2009).

Los resultados también demuestran que aproximadamente el 50% de los pacientes, que reciben atención, se atienden en servicios hospitalarios.


prognalsaludmental2013Programa de Acción Específico – Salud Mental 2013-2018

El PAE 2013-2018 está sustentado en el Modelo Miguel Hidalgo de Atención en Salud Mental, y sirve de punto de partida para formular, ejecutar y en su caso consolidar la aplicación de dicho modelo en el país, como Plan Nacional de Salud Mental.




La salud mental en México: ¿TABÚ?

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