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Reducción de daños, reducción de riesgos…

Usar cannabis: ¿factor de riesgo de qué? Cómo ganar el debate científico

Nueva bibliografía: Epidemiology: a tool for the assessment of risk (edit. 13-nov)

Recientemente fue noticia oootra vez que el Comisionado Nacional contra las Adicciones de México, Manuel Mondragón y Kalb, pretende justificar la ilegalidad del consumo personal de cannabis con evidencia científica.

¿Cuál es esta evidencia científica? ¿Dónde está? Una vez que demos con ella, ¿cómo sabremos si realmente justifica mantener la ilegalidad? ¿Con qué requisitos esperaríamos que cumpliera, qué tendría que decirnos la evidencia científica, para respaldar, justificar, y legitimar una política pública de ilegalidad a toda costa?

¿Qué hay de la evidencia científica de afecciones a la salud e integridad de las personas, causadas por esa política pública de ilegalidad a toda costa? ¿Cuál es entonces el cuerpo de evidencias científicas a tomar en cuenta a la hora de decidir y aplicar una política pública? ¿Cuál, a la hora de identificar y medir sus consecuencias, es decir el impacto de esta política en el bienestar de la población?

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El procedimiento científico para medir el impacto de cualquier cosa o hecho en una población, aquí y en China, es así:

  1. Se definen e identifican:
    1. La población objeto del estudio, en toda su diversidad. Por ejemplo, los jóvenes de Michoacán en cierto periodo
    2. El proceso de levantamiento inicial de datos
    3. Los datos finales que indicarán el impacto
  2. Se identifican y toman datos iniciales de dos muestras representativas a comparar:
    1. Muestra de la subpoblación donde la cosa o hecho se da. Por ejemplo, el consumo una vez o más a la semana
    2. Muestra ya sea de la población general, o de una subpoblación donde la cosa o hecho no se da. Por ejemplo, no hay consumo o es menor a una vez por semana
  3. Para cada una de las dos muestras se obtienen los datos finales que indicarían el impacto. Ejemplos de datos:
    1. Mortalidad: si la persona murió, a qué edad, y por qué causa: si fue por accidente, por agresiones, por afecciones a la salud transmisibles, por afecciones no transmisibles, o por lesiones autoinflingidas
    2. Morbilidad
    3. Socioeconómicos
    4. De nivel académico
  4. Se comparan los datos finales para ambas poblaciones. La investigación debe tomar medidas para garantizar que una correlación aparentemente significativa sea verdaderamente causal, y que el factor determinante no está realmente en otro indicador.

Es decir, se trata de investigar y de obtener datos sobre el uso de cannabis como factor de riesgo. Y definir riesgo de qué. Además, no se puede descartar a priori la investigación sobre el uso de cannabis como factor protector.

Cientos si no es que miles de investigaciones han concluido que el uso de alcohol es un factor de riesgo significativo de accidentes y de violencia doméstica. No así respecto al de cannabis. En todas las investigaciones de rigor hasta ahora publicadas, no se ha encontrado que el uso de cannabis esté entre los principales factores de riesgo para los jóvenes. En cambio, sí se ha encontrado que entre los factores de riesgo más determinantes está la exclusión social. Y lo que la prohibición de la cannabis promueve con la criminalización de quienes usan cannabis, es justamente eso: la exclusión social.

Plantear el uso de cannabis como un factor de riesgo (y protector), y compararlo con lo que conocemos sobre el impacto de otros factores, es una oportunidad poco explorada para que ganemos todos en este debate científico sobre su regulación.

ricardélico
10 de noviembre de 2017


Edición 15-nov: El mismo gobierno mexicano promueve el término inclusión social como uno de los ejes de su estrategia para reducir la violencia (he sustituido aquí “desintegración comunitaria” con “exclusión social” como término equivalente). Tal vez sea prudente aclarar que epidemiología es el estudio de los factores determinantes no solo de enfermedades, también de accidentes (Los accidentes como problema de salud pública en México) y de violencia (Epidemiology of juvenile violence). A continuación una descripción más precisa de estos elementos procedimentales y sus denominaciones tal y como se utilizan en los estudios epidemiológicos (fuente: PDF en who.int: Epidemiology: a tool for the assessment of risk):

epidemiologicalESTUDIOS EPIDEMIOLÓGICOS
Elementos básicos:

  • Formular pregunta o hipótesis del estudio
  • Seleccionar poblaciones y muestras a estudiar
  • Seleccionar indicadores de exposición
  • Medir exposición y enfermedad o daño
  • Analizar relación entre exposición y daño
  • Evaluar roles de parcialidad (bias) y azar

 

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La salud mental del tirador de Las Vegas

Hoy 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. Para celebrar la ocasión vamos a aclarar algunas imprecisiones que aparecen en un reciente artículo publicado en inglés y en español esta misma semana. Escrito por Fareed Zakaria, un destacado periodista y articulista de opinión basado en Nueva York, la versión en español que comento aquí apareció en El Confidencial y se titula Hablar sobre ‘enfermedad mental’ tras un tiroteo masivo es echar balones fuera.

Antes de comenzar propiamente con mi reseña de crítica constructiva, aclaro que soy un mero ciudadano de a pie cuyas credenciales son 1.- Un interés en desarrollar el tema de la salud mental en la política pública, en la cultura popular, y en los discursos académico y del “círculo rojo”; 2.- Una licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la UAM-X, carrera connotada en esta institución en particular por especializarse en análisis del discurso, así como una maestría aún sin concluir en Filosofía y Crítica de la Cultura; y 3.- Una trayectoria como activista en el desarrollo de políticas públicas y cultura sobre drogas y, más recientemente, sobre salud mental. Reitero que soy un “ciudadano de a pie” porque esto por sí mismo, además de la solidez de los argumentos que expongo y que la propia lectora juzgará, debiera servir como justificación suficiente para validar mi punto de vista.

En primer lugar agradezco que un periodista con la trayectoria y el reconocimiento del Sr Fareed aborde el tema de la salud mental, en un entorno mediático a menudo ingrato para con quienes nos hemos atrevido a abordarlo. El solo hecho de atreverse a colocar el tema sobre la mesa es de valientes.

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La primera imprecisión se encuentra en el título mismo, y no es atribuible a Fareed sino al trabajo de traducción. Resulta común traducir mental illness como enfermedad mental, pero por más expandida que sea esta práctica, esto no significa que sea correcta. Illness no es enfermedad. Disease es enfermedad. La palabra illness por sí misma se traduce unas veces como malestar y otras como padecimiento, y no todos los malestares o padecimientos son enfermedad. Además, se quiera o no el término enfermedad mental conlleva cierta carga peyorativa que puede evitarse: considérese lo despectivo del término enfermo mental. Una traducción más correcta para Mental illness, en este caso en particular, puede ser Padecimiento mental o Trastorno mental.

La segunda imprecisión consiste en señalar en el subtítulo que no existe una correlación entre salud mental y muertes por armas de fuego. Esta afirmación no se respalda en ninguna parte del artículo. Por cierto que, a continuación en este mismo subtítulo, Fareed deja ver claramente sus intenciones: denunciar los intereses que evitan que se hable de regular la venta de armas de fuego, y de que se correlacione esta regulación con los actos de violencia. Intención noble y loable, pero que —para su propio beneficio incluso— no debería distorsionar las nociones mínimas sobre nuestra salud mental como un tema de interés común.

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No tenía un historial de enfermedad mental que sepamos. Ésta es la tercera imprecisión. La mayoría de los especialistas en salud mental coincidirían en que este sujeto padecía de algún tipo de patología psicosocial (lo que el DSM–5 clasifica como Antisocial Personality Disorder).

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Aquí la cuarta imprecisión, y la que me parece más importante aclarar. Afirmar que las personas con desórdenes mentales no son inherentemente propensas a la violencia bien puede ser cierto. Pero también lo es que las personas con ciertos desórdenes mentales específicos sí son inherentemente propensas a la violencia: concretamente, aquellas con patologías psicosociales.

La pregunta que esta afirmación presupone está de origen mal formulada. Bajo su misma lógica se podría argumentar que tampoco las personas sin desórdenes mentales son inherentemente propensas a la violencia. Si es el caso que ni las personas con desórdenes mentales, ni aquellas sin desórdenes mentales, son inherentemente propensas a la violencia, entonces qué sentido tiene formular cualquiera de las dos afirmaciones. La afirmación además pretende dividir a la población en personas con y personas sin desórdenes de salud mental, siendo que en la realidad todos los seres humanos somos sujetos de padecer malestares o trastornos de la salud mental en algunos momentos de nuestras vidas. Esta división proviene de un enfoque que considero en cierta medida discriminatorio y de poca utilidad a la hora de avanzar en la discusión sobre las prácticas, la cultura, y las políticas en torno a la atención de nuestra salud mental.

La pregunta correcta en todo caso podría formularse de esta manera: ¿Cuáles son las condiciones de la salud mental de una persona capaz de violentar así a sus semejantes? Planteada de esta forma, la pregunta comienza a abrir el camino para la formulación de más preguntas y el encuentro de soluciones y propuestas. ¿Qué factores originan estas condiciones, a todas luces de alto riesgo para la sociedad, haya o no acceso a armas de fuego? ¿Cómo se aplica su detección temprana, así como su atención? ¿Cuáles son las herramientas con que contamos, como individuos y como colectividades, para detectar y atender estos factores de riesgo? ¿Cuáles son las mejores prácticas, cuáles los factores de protección que podemos aplicar, desde la formación de nuestros hijos, desde la educación, el desarrollo social, o la atención médica?

Por supuesto que es prudente y deseable regular el acceso a un factor de riesgo tal como la posesión y el uso de armas de fuego. Justamente al abordar el tema de la salud mental en forma apropiada pueden surgir preguntas más útiles para la especificidad del caso. Por ejemplo, ¿Cómo valorar la condición de la salud mental de quienes desean acceder al uso de armas de fuego? ¿Qué buscar? ¿Cuándo y cómo conducir a la persona con condiciones de psicopatología social hacia prácticas que reduzcan sus tendencias antisociales, acceda o no al uso de armas de fuego? ¿Cómo diseñar e implementar campañas que incrementen la sensibilidad y la respuesta oportuna de la sociedad?

Sí que tiene sentido, y mucho, hablar de promoción de la salud mental para prevenir la violencia. Esta afirmación se respalda en una amplia bibliografía de investigación, y por supuesto, en el sentido común. Quien se interese en el tema puede comenzar por revisar Promoting Mental Health, un reporte publicado por la Organización Mundial de la Salud (ONU) en 2005.

Reitero mi reconocimiento al Sr Fareed por poner el tema sobre la mesa, y por insistir en la importancia de la regulación del acceso a las armas de fuego.

¡Salud! Y que todos los días sean Día Mundial de la Salud Mental.

Ricardélico, Ciudad de México, 10 de octubre de 2017

Aquí el artículo original de Fareed Zakaria publicado en el Washington Post: Talking about mental health after mass shootings is a cop-out. Mi comentario publicado en la web del mismo artículo, y en mi Facebook.

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Preguntas de Estado sobre la regulación de la cannabis

Aquí algunas preguntas que nos podemos hacer como Estado mexicano, partiendo del hecho de que la cannabis tiene (o contiene) propiedades psicoactivas y propiedades medicinales.

  • ¿Existe una correlación entre las propiedades psicoactivas y las propiedades medicinales? ¿Qué tan estrecha es; cómo es?
  • ¿Por qué y Cuándo es deseable evitar los efectos psicoactivos?
  • ¿Es un derecho consumir para obtener los efectos psicoactivos? ¿Cuándo y hasta qué punto?
  • ¿Hasta cuándo, o hasta dónde, se justifica emplear recursos públicos (y arriesgar vidas) para limitar el acceso a la cannabis por parte de personas mayores de edad?

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  • ¿Cuál es la evidencia de los daños por consumo de cannabis? ¿Cuándo hay daños y cuándo no? ¿Cuáles son otros factores de riesgo involucrados? ¿Cuáles son los factores de protección involucrados? ¿Qué hacer para atenderlos mejor?
  • ¿Cuál es el bien jurídico tutelado? ¿La salud, la salud integral, la salud física, mental y emocional?
  • ¿Dónde está la evidencia de las mejores prácticas para prevenir, tratar y atender?
  • ¿Cómo integrar la voluntad, la colaboración y la corresponsabilidad ciudadanas?

Éstas son el tipo de preguntas que podemos hacernos como Estado mexicano, libre de prejuicios, y con miras a lograr el bienestar de las y los mexicanos.

ricardélico
ciudad de méxico, julio de 2017

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Tres documentos de política pública… para comenzar a hablar de #SaludMental

¿Cómo miramos desde nuestras políticas a la salud mental? En México, a juzgar por un diagnóstico que impulsó la OMS en 2011 y por el Plan Nacional de Desarrollo, como atención a los casos que requieren internamiento psiquiátrico. ¿Es suficiente esta mirada médico-psiquiátrica? ¿Qué pasa con atender (y promover) la salud mental como un asunto de bienestar personal y social, como un fin común?




Salud mental como
bienestar personal y social: OMS 2004


promsaludmentaloms2004

Promoción de la salud mental. Conceptos, evidencia emergente, práctica

“Describe el concepto de la salud mental y su promoción. Intenta alcanzar un nivel de consenso sobre las características comunes de la salud mental así como en las variaciones que existen entre las diferentes culturas. El Informe también coloca la promoción de la salud mental dentro del contexto más amplio de promoción de la salud y salud pública”

2004, Organización Mundial de la Salud, Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias en colaboración con la Fundación Victorian para la Promoción de la Salud (VicHealth) y la Universidad de Melbourne


La única traducción en internet que he encontrado es un PDF con errores de traducción –entre ellos destaca el crédito en el prólogo– y con texto codificado que no se puede copiar para pegar. Aquí el original en inglés: Promoting mental health. Concepts, Emerging Evidence, Practice. A continuación algunos fragmentos con traducción corregida por Ricardo Sala, tomados de la ficha bibliográfica correspondiente en Drogas México: Promoción de la Salud Mental:

Parte III: Política y práctica

Esta sección considera la forma de avanzar en la elaboración de marcos generales para políticas en los sectores gubernamentales y comerciales pertinentes, y en generar cambios sostenibles en las comunidades locales.

La salud mental es asunto de todos

[…]

Las actividades para la promoción de la salud mental pueden ser incorporadas funcionalmente en la promoción de la salud, aunque la intencionalidad requiere mantenerse diferenciada. Teniendo en mente la íntima conexión entre salud física y mental, muchas de las intervenciones diseñadas para mejorar la salud mental también promoverán la salud física y viceversa. La salud y la salud mental son afectadas por las políticas de sectores no relacionados con la salud y por una gama de intervenciones comunitarias.

Las acciones que promueven la salud mental a menudo tienen, como un importante resultado, la prevención de los trastornos mentales. La evidencia indica que la promoción de la salud mental también es efectiva para prevenir una gama completa de padecimientos y riesgos que se relacionan con la conducta. Esto puede ayudar, por ejemplo, en la prevención del hábito de fumar y del sexo no seguro, y por lo tanto, del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) o el embarazo entre adolescentes. Estos no son trastornos mentales. En efecto, el potencial de la promoción de la salud mental para prevenir trastornos mentales es más bien bajo en comparación con el aporte potencial a la prevención de las conductas antisociales y que perjudican a la salud (Orley & Weisen 1998).

Promoción de la salud mental: un importante componente de la política de salud mental

La promoción de la salud mental necesita ser integrada como parte de las políticas con el fin de proporcionarle el estatus y la dirección estratégica necesarias para su implementación exitosa. La política de salud mental es un conjunto organizado de valores, principios y objetivos para mejorar la salud mental y reducir la carga de los trastornos mentales en una población. Cuando está bien formulada, la política de salud mental identifica y facilita acuerdos de acción entre las diferentes partes interesadas, asignando roles y responsabilidades definidas. Si la política de salud mental se elabora como parte de la política social más amplia (en lugar de como una política por sí misma o subsumida dentro de la política de salud general), es muy probable que el énfasis en la promoción de la salud mental sea más significativo. Existen más oportunidades para comprometer a una variedad de partes interesadas y representando a diferentes sectores, en la elaboración e implementación de la política.


MENSAJES CLAVE

Sin salud mental no hay salud

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define salud como:

…un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia (OMS 2001, p. 1).

La salud mental es definitivamente una parte integral de esta definición. Las metas y tradiciones de la salud pública y promoción de la salud se pueden aplicar con igual beneficio al campo de la salud mental y a los campos de la salud cardiaca, enfermedades infecciosas y control del tabaco.

La salud mental es más que la ausencia de enfermedad mental: es vital para los individuos, familias y sociedades

La OMS describe la salud mental como:

…un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad (OMS 2001a, p. 1).

En este sentido positivo, la salud mental es la base para el bienestar y funcionamiento efectivo de un individuo y una comunidad. Este concepto medular de salud mental es consistente con su interpretación amplia y variada en las diferentes culturas.

La salud mental está determinada por factores socioeconómicos y ambientales

La salud mental y las enfermedades mentales están determinadas por muchos factores de interacción social, psicológica y biológica, de la misma forma en que lo están la salud y la enfermedad en general. La evidencia más clara de esto se relaciona con el riesgo de las enfermedades mentales, las cuales, en el mundo desarrollado y en vías de desarrollo está asociado con indicadores de pobreza, incluyendo bajos niveles de educación y, en algunos estudios, con malas condiciones habitacionales y bajo ingreso. La mayor vulnerabilidad que tienen las personas en desventaja, en cada comunidad, a las enfermedades mentales, se puede explicar mediante factores tales como la experiencia de vivir en inseguridad y desesperanza, el rápido cambio social y los riesgos de violencia y problemas de salud física.

La salud mental está vinculada a la conducta

Los problemas mentales, sociales y de conducta pueden interactuar en forma tal que intensifican sus efectos sobre la conducta y el bienestar. El abuso de sustancias, la violencia y los abusos de mujeres y niños por una parte, y los problemas de salud tales como enfermedad cardiaca, depresión y ansiedad por la otra, tienen mayor prevalencia y son más difíciles de afrontar cuando existen condiciones de altos niveles de desempleo, bajo ingreso, educación limitada, condiciones estresantes de trabajo, discriminación de genero, estilo de vida no saludable y violaciones a los derechos humanos.

Las intervenciones efectivas de salud pública pueden mejorar la salud mental

El mejoramiento de la salud cardiaca en varios países ha estado mas relacionado con la atención a las políticas relativas al ambiente, el tabaco y la nutrición que con medicinas o técnicas de tratamiento especificas. Los efectos adversos que tienen las cambiantes condiciones ambientales sobre la salud cardiaca se han reducido en diferentes grados gracias a acciones en múltiples niveles. Igualmente, los estudios han demostrado que las políticas y prácticas no saludables pueden afectar la salud mental, por ejemplo en vivienda, educación y atención infantil. Esto acentúa la necesidad de evaluar la efectividad de las intervenciones de políticas y prácticas en diversas áreas de la salud y no relacionadas con la salud. A pesar de existir incertidumbres y diferencias en la evidencia, conocemos lo suficiente acerca de los vínculos entre experiencia social y salud mental para saber que urge la aplicación y evaluación de intervenciones de políticas y prácticas localmente apropiadas para promover la salud mental.

La acción colectiva depende por igual de los valores compartidos como de la calidad de la evidencia científica

En algunas comunidades, las prácticas y formas tradicionales de vida contribuyen a mantener la salud mental, aun cuando esta no fuese la intención explícita de las mismas. En otras comunidades, las personas necesitan estar convencidas de que es factible y vale la pena hacer un esfuerzo para mejorar la salud mental.

Un ambiente que respete y proteja los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales básicos es fundamental para la promoción de la salud mental

Si no se cuenta con la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos, es muy difícil mantener un alto nivel de salud mental.





Salud mental como
atención al internamiento psiquiátrico:
México 2011 y 2013


informesaludmental2011Informe sobre el sistema de salud mental en México

Informe de la evaluación del sistema de salud mental en México utilizando el Instrumento de Evaluación para Sistemas de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud (IESM-OMS)

2011, Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud, y Secretaría de Salud

Del total del presupuesto asignado a la salud, solamente el 2% es orientado a la salud mental; de este monto, se destina el 80% a la operación de los hospitales psiquiátricos; dadas estas condiciones, las acciones enfocadas al trabajo comunitario se ven reducidas.

El eje de la atención de la salud mental es el tercer nivel, ejemplo de ello es que existen 46 hospitales psiquiátricos frente a 13 unidades de internamiento psiquiátrico en hospitales generales y 8 establecimientos residenciales. Aunado a lo anterior, el acceso se ve limitado por barreras geográficas, ya que la mayoría de estos servicios se ubican en las grandes metrópolis o cercanas a ellas.

Se cuenta con 544 establecimientos de salud mental ambulatorios que ofrecen atención a 310 usuarios por cada 100,000 habitantes en contraste con los hospitales psiquiátricos que atienden a 47 usuarios por cada 100,000. La mayoría de los pacientes son adultos; la población de niños y adolescentes asciende a 27% en unidades ambulatorias y a 6% en hospitales psiquiátricos. Estas cifras resultan preocupantes si consideramos que la edad de inicio de la mayoría de los trastornos psiquiátricos se encuentra en las primeras décadas de la vida; tal como lo reportó la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, en la cual, se señala que el 50% de los trastornos mentales inician antes de los 21 años de edad (Medina-Mora y cols; 2003; 2005). De acuerdo con otros estudios, 24.7% de los adolescentes se encuentran afectados por uno o más problemas de salud mental. Los trastornos más recurrentes entre adolescentes son problemas de aprendizaje, retraso mental, trastornos de ansiedad y por déficit de atención, depresión y uso de sustancias, así como intentos de suicidio (Benjet y cols; 2009).

Los resultados también demuestran que aproximadamente el 50% de los pacientes, que reciben atención, se atienden en servicios hospitalarios.


prognalsaludmental2013Programa de Acción Específico – Salud Mental 2013-2018

El PAE 2013-2018 está sustentado en el Modelo Miguel Hidalgo de Atención en Salud Mental, y sirve de punto de partida para formular, ejecutar y en su caso consolidar la aplicación de dicho modelo en el país, como Plan Nacional de Salud Mental.




La salud mental en México: ¿TABÚ?

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Protective factors for physical and mental health

Here is a list of protective factors for Health, understood comprehensively as integrating both physical and mental health. Some are fundamental for physical health, but ALL are fundamental for mental health (including of course emotional health). Colored violet, protective factors for both physical and mental health; colored blue, mainly mental health protective factors:

  • Good habits (physical & mental health):
    • good nutrition
    • physical activity
    • good rest
    • hygiene
    • control or lack of alcohol & tobacco, other substances…
    • getting health & medical attention / treatment
    • social interaction
  • Availability of basic goods & services — access to “commonwealth”
    • General health (physical & mental):
      • Access to…
        • air quality
        • water availability and quality
        • nutritious diet
        • rest, housing
        • public safety
        • medical attention (general health)
        • dental, obstetric, other specialized medical attention
      • Controlled access to…
        • accident risks, natural phenomena risks, toxic environments, transmitted diseases… (civil protection)
        • weapons
        • substances and other potential sources of compulsive behaviours
    • Mental health:
      • Personal / Professional development: access to…
        • education
        • knowledge
        • occupation
        • trade
      • Environment: access to…
        • public spaces
        • ecology
        • justice
        • aesthetic experience and expression
      • specialized attention: access to…
        • psychological attention
        • psychiatric attention
        • mental health knowledge, literature, practices…

 

May such a list serve as a starting guide to explore & identify risk factors in specific individuals or populations. Do your own version of risk & protective factors! Where would you place “healthy sex”, for example? This list is inspired by Promoting Mental Health, WHO 2004

~Ricardo Sala, mental health promoter. Mexico City, August 2016

 

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Qué hacer si te agarra La Pálida

La desagradable sensación sobreviene cada tantos minutos. Te pones blanca, porque la sangre se va del rostro para proteger los tejidos más vitales. Te ves toda blanca, pero lo ves todo negro. Y sudas, del rostro y del cuerpo. Te mareas y pierdes fuerza en los músculos; no te puedes levantar ni para ir al baño a vomitar. O te llevan a rastras, o vomitas ahí mismo para sentirte mejor.

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La Pálida es un daño temporal al organismo y a la conciencia, ocasionado por el cruce de alcohol y cannabis, que puede conducir a la pérdida de conciencia y, si se estaba de pie, incluso a una caída y una lesión o traumatismo más perdurable. En lugar de sufrir la pálida solo unos minutos –hasta más de una hora, dependiendo del grado de intoxicación y las medidas adecuadas que se adopten–  una lesión por caída o golpe puede conducirte al hospital, o al panteón. Así es: de existir muertes asociadas al abuso de cannabis, son por una mala caída tras perder el conocimiento por La Pálida: lo que sucede tras la mezcla de intoxicación alcohólica y cannábica.

Las medidas precautorias son:

  1. Estar alerta cuando haya alcohol y cannabis (para fumar o comer). Incluso una buena borrachera del día anterior, sumada a una sola copa y suficiente marihuana, puede bastarle a La Pálida. No combinar con tabaco, que desoxigena.
  2. En cuanto haya mareo, siéntate (aunque sea en el piso) o acuéstate, e infórmalo a tu compañía. Que te conduzcan a un mejor lugar de descanso y que traigan una cubeta por si necesitas vaciar el estómago.
  3. Por la pérdida de presión, con La Pálida sobreviene un acaloramiento enceguecedor y debilitador que se puede revertir con frescura. Una toalla húmeda en la nuca y en la frente. O papel humedecido, a falta de toalla. Puedes intentar lavarte la cara y el cuello para retirar el sudor.
  4. Aire fresco y/o ejercicios de respiración. Si se puede, subiendo y bajando los brazos.
  5. Vomitar, si se puede o se tiene el valor. Esto contribuye a la desintoxicación.
  6. Agua fresca, de ser posible limonada o de frutas, pues el azúcar ayuda a subir nuevamente la presión. El refresco de cola puede funcionar también. O una cucharada de miel.
  7. No temas; la pálida se pasa.

Esta entrada se escribió en segunda persona del femenino, pero siéntanse todos incluidos. Arriba: GIF hecho a partir de video de Cogollando. Abajo: Marcel Marceau, pálido pero bien.

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Doce factores de mayor riesgo que cannabis

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A continuación una lista de doce factores de riesgo que implican un riesgo mayor para la salud que el consumo de #cannabis. Hay más #FactoresDeRiesgo, y la lista podría variar. El punto es llamar la atención a este concepto, a su utilidad, y a considerar el uso de drogas como un factor de riesgo, mejor que como un mal en sí. Factores de riesgo son aquellos cuya presencia aumenta la posibilidad de daños a la salud e integridad de la persona o población. Para esta versión intercambié de lugar Tabaco y Salud mental. La falta de atención a la salud mental en México me parece un factor de riesgo urgente.

Más información sobre factores de riesgo y factores de protección asociados al uso de drogas, en esta guía patrocinada por el Gobierno español (Plan Nacional sobre Drogas, 2013): Guía metodológica para la implementación de una intervención preventiva selectiva e indicada

12 factores de mayor riesgo
que usar cannabis

12.- La falta de acceso a la justicia

11.- El contacto con los mercados negros

10.- La exclusión económica

9.- La exclusión escolar y educativa

8.- Fumar tabaco

7.- La exclusión comunitaria

6.- La exclusión familiar

5.- La falta de condición física (y espacios públicos para practicar)

4.- La mala nutrición

3.- La falta de acceso a atención para la salud mental

2.- Beber alcohol

1.- La criminalización de la juventud.

#FactoresDeMayorRiesgoQueCannabis

Otros hashtags: #FactoresDeRiesgo #Cannabis #Marihuana #FactoresDeProtección #TocaRegular

en rojo = factores de riesgo
en azul =
términos que implican factores de protección faltantes o excluidos

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