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Factores de mayor riesgo que cannabis

FactoresRiesgoB

A continuación una lista de doce factores de riesgo que implican un riesgo mayor para la salud que el consumo de #cannabis. Hay más #FactoresDeRiesgo, y la lista podría variar. El punto es llamar la atención a este concepto, a su utilidad, y a considerar el uso de drogas como un factor de riesgo, mejor que como un mal en sí. Factores de riesgo son aquellos cuya presencia aumenta la posibilidad de daños a la salud e integridad de la persona o población. Para esta versión intercambié de lugar Tabaco y Salud mental. La falta de atención a la salud mental en México me parece un factor de riesgo urgente.

Más información sobre factores de riesgo y factores de protección asociados al uso de drogas, en esta guía patrocinada por el Gobierno español (Plan Nacional sobre Drogas, 2013): Guía metodológica para la implementación de una intervención preventiva selectiva e indicada

12 factores de mayor riesgo
que usar cannabis

12.- La falta de acceso a la justicia

11.- El contacto con los mercados negros

10.- La exclusión económica

9.- La exclusión escolar y educativa

8.- Fumar tabaco

7.- La exclusión comunitaria

6.- La exclusión familiar

5.- La falta de condición física (y espacios públicos para practicar)

4.- La mala nutrición

3.- La falta de acceso a atención para la salud mental

2.- Beber alcohol

1.- La criminalización de la juventud.

#FactoresDeMayorRiesgoQueCannabis

Otros hashtags: #FactoresDeRiesgo #Cannabis #Marihuana #FactoresDeProtección #TocaRegular

en rojo = factores de riesgo
en azul =
términos que implican factores de protección faltantes o excluidos

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La iniciativa para prevenir riesgos y daños por uso de sustancias

 

La Iniciativa en materia de prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas, presentada por la Senadora Martha Tagle (independiente) y turnada el 26 de abril “a las Comisiones Unidas de Salud; de Justicia; y de Estudios Legislativos, Segunda”, propone terminología actualizada para abordar los usos, los usos nocivos o problemáticos, y la dependencia de/a drogas; una terminología centrada no en el uso de drogas como un tema moral y estigmatizante, sino en la identificación y atención de riesgos y daños con base en evidencia.

Entre otras modificaciones a la Ley General de Salud, propone que en el artículo 192 bis se tipifiquen conductas y circunstancias, en lugar de personas, para evitar la discriminación y la estigmatización, y para facilitar entre las partes involucradas el acuerdo de los objetivos a alcanzar con la atención brindada. Estos nuevos términos distinguen el uso problemático o nocivo, de la dependencia. Médicamente, una dependencia es una condición del organismo no necesariamente negativa (DSM-5). Además, puede haber uso problemático o nocivo sin que haya dependencia.

El término “Detección temprana” es ampliado en su definición, para incluir la atención a una multiplicidad de factores de riesgo, tales como la exclusión social o la presencia previa de padecimientos en salud mental, y no solamente el uso o probable uso de drogas.

Otras modificaciones a la Ley General de Salud, y la modificación al artículo 199 del Código Penal Federal, plantean que el objeto de atención en términos de salud y también judiciales, no es la dependencia, sino el uso nocivo o problemático que se puede suscitar con o sin dependencia.

senado.gob.mx: Iniciativa en materia de prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas

VIDEO: Senadora Martha Tagle ante el pleno del senado: En materia de justicia terapéutica, es necesario evaluar efectividad de estas medidas

Boletín de prensa: El consumo de sustancias psicoactivas no debe formar parte del catálogo de medidas penales: Martha Tagle

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DSM-5: Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos

[DSM-5: Substance-Related and Addictive Disorders (2013)
Traducción de Ricardo Sala]

En la quinta edición del Manual de diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5, 2013) el capítulo revisado de “Trastornos adictivos y relacionados con sustancias” incluye cambios sustanciales a los trastornos ahí agrupados además de cambios a los criterios de algunas condiciones.

Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos

El Substance use disorder en el DSM-5 combina las categorías abuso y dependencia en un trastorno único medido en un continuo que va de leve a severo. Cada sustancia específica (excepto la cafeína, que no puede diagnosticarse como trastorno de uso de sustancias) es atendida como un trastorno separado (por ejemplo trastorno por uso de alcohol, trastorno por uso de estimulantes, etc.), pero casi todas las sustancias se diagnostican con base en los mismos criterios generales. En este trastorno abarcador, los criterios no solo se han combinado, también se han fortalecido. Mientras que el diagnóstico por abuso de sustancias antes requería solo de un síntoma, el trastorno leve por uso de sustancias requiere de entre dos y tres síntomas de una lista de once. “Drug craving” se añade a la lista, y “problemas con las fuerzas de la ley” se ha eliminado debido a consideraciones culturales que hacen difícil la aplicación internacional de los criterios.

En el DSM-IV la distinción entre abuso y dependencia se basaba en el concepto de abuso como una fase leve o temprana, y dependencia como la manifestación más severa. En la práctica, los criterios para abuso eran en ocasiones bastante severos. El trastorno por uso de drogas revisado, un diagnóstico único, corresponderá mejor con los síntomas que experimentan los pacientes.

Adicionalmente, el diagnóstico de dependencia causa mucha confusión. La mayoría de las personas asocian dependencia con “adicción” siendo que la dependencia puede ser de hecho una respuesta natural del cuerpo a una sustancia.

Trastornos adictivos

[…leer más en la fuente original, en inglés]

DSM is the manual used by clinicians and researchers to diagnose and classify mental disorders. The American Psychiatric Association (APA) will publish DSM-5 in 2013, culminating a 14-year revision process. For more information, go to www.DSM5.org . APA is a national medical specialty society whose more than 36,000 physician members specialize in the diagnosis, treatment, prevention and research of mental illnesses, including substance use disorders. Visit the APA at http://www.psychiatry.org and http://www.healthyminds.org . For more information, please contact Eve Herold at 703-907-8640 or press@psych.org. © 2013 American Psychiatric Association


Once criterios en el DSM-5 para el diagnóstico de trastornos relacionados con uso de sustancias:

The Diagnostic Criteria For Substance Use Disorders (AMHC)


 

Fuentes y otros enlaces útiles:

DSM-5: Substance-Related and Addictive Disorders (American Psychiatric Association, ASA)

Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos (American Psychiatric Association, ASA)

DSM-5. Substance-Related and Addictive Disorders. Excerpt (American Psychiatric Association, ASA)

DSM-5. Substance-Related and Addictive Disorders. Bibliografía. (American Psychiatric Association, ASA)

DSM-5 Criteria for Substance Use Disorders: Recommendations and Rationale (The American Journal of Psychiatry)

The Science of Drug Abuse and Addiction: The Basics (National Institute on Drug Abuse, NIDA)

Commentary: DSM-5: New Addiction Terminology, Same Disease (Partnership for Drug-Free Kids)

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Agenda pendiente: el objetivo de la política de drogas

Mira aquí un Resumen de la iniciativa sobre prevención de riesgos y daños

Si una política genera consecuencias no deseadas o “daños colaterales”, se revisa. Se revisan, además de estos daños, los objetivos y logros deseables de esta política, y las modificaciones que permitan alcanzar su cumplimiento sin las consecuencias negativas.

La política de prohibición de las drogas ha sido ampliamente cuestionada en el marco de UNGASS 2016. Sin embargo esta crítica no se ha centrado en cuestionar el alcance de sus objetivos, sino los daños colaterales. La crítica se ha centrado en los efectos negativos más resonantes de la prohibición: los mercados negros, el crimen organizado que incentivan,  y la violencia y la corrupción propiciadas por este crimen organizado. También en la detención arbitraria y el encarcelamiento masivo por delitos no violentos. Todas estas representan importantes afectaciones a los derechos humanos, propiciadas por la falta de seguridad o por un clima de inseguridad atribuibles a la política de prohibición. Es decir, son denuncias legítimas de una seguridad afectada. Por otra parte, en materia de salud, se ha criticado la falta de acceso a opiáceos y a componentes del cannabis como medicamentos. Pero incluso en este caso, sigue siendo una crítica a los daños colaterales de la política de prohibición. No se han evaluado los resultados que podríamos suponer son la razón de ser de una política de drogas: reducir o eliminar el impacto negativo del consumo de drogas.

Falta atrevernos a revisar la razón de ser de nuestra política de drogas. Aunque parezcan dictarlo así las convenciones internacionales, el objetivo ya no puede ser reducir o eliminar la oferta, y acaso hacer lo mismo con la demanda. Primero, porque el objetivo no es en todos los casos reducir o eliminar oferta o demanda. En aplicaciones médicas o terapéuticas el objetivo es, muy al contrario, garantizar el acceso. Reducir daños sin necesariamente reducir consumo, es un objetivo prioritario diferente en otro tipo de casos (como el de los programas de intercambio de jeringas ante la aparición del VIH en los ochentas, el caso paradigmático en “harm reduction” ). En unos casos será salir de una farmacodependencia (por cierto, las farmacodependencias no se “combaten”), mientras que en otros, por ejemplo algunos de atención a la salud mental, la dependencia a un psicotrópico se asumirá como una consecuencia, no necesariamente negativa, de una terapia que es acompañada por el seguimiento adecuado. En el caso de los menores de edad procurará reducir o eliminar el acceso, y en el de los mayores de edad la política de drogas deberá considerar el respeto la libertad de ejercer decisiones mientras no se afecten los derechos de terceros [agregado 3-may].

Cada caso es diferente y amerita una atención particular. Pero ¿cuál es el común denominador? ¿Cuál es el objetivo común a todos los objetivos específicos?

En una frase, ¿cuál es el objetivo general de la política de drogas? ¿Reducir o eliminar su existencia? ¿Reducir o eliminar su consumo?

Poniéndolo en otras palabras. No queremos una política que contribuye a causar homicidios, desplazamiento interno, hogares violentados o abandonados, corrupción que debilita a las instituciones… ¿Cuál es la política que sí queremos?

Queremos una política de drogas que logre reducir el impacto negativo del consumo de drogas, sin propiciar daños colaterales o consecuencias no deseadas. Éste debe ser el objetivo de la política de drogas. El tema central es la realidad del consumo de drogas, y la prevención de riesgos y daños. La política actual de drogas no está claramente orientada hacia este objetivo. De hecho, la política actual propicia conceptos y objetivos que no contribuyen a garantizar la calidad de la atención recibida por quienes están en riesgo de usarlas, y por quienes ya las usan, en un marco de respeto a sus derechos humanos.

Ante esta carencia, la Gaceta del Senado publica hoy martes 26 de abril de 2016 una iniciativa presentada por la Senadora Martha Tagle,”con proyecto de decreto que reforma y adiciona diversas disposiciones de la Ley General de Salud y del Código Penal Federal, en materia de prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas.”

Transcribo abajo un fragmento de la exposición de motivos, y algunos de las modificaciones propuestas para la Ley General de Salud. En negritas, los fragmentos de texto que se propone agregar o modificar a la redacción actual. Ojalá esta iniciativa contribuya a reflexionar sobre los objetivos de la política de drogas, y los mejores términos para alcanzarlos.

Cualquier modificación legal en materia de drogas requiere de construir una verdadera política de prevención, información y educación que permita a los potenciales usuarios de éstas, y a los que ya lo son, contar con un apoyo desde el Estado que respete sus derechos y los ayude a tomar decisiones informadas frente a este fenómeno. De este modo, es imprescindible transmitir a la sociedad el mensaje de que el fenómeno de las drogas no puede ser reducido a un problema de seguridad pública ni de efectividad policíaca o militar. Nadie puede pedir, de forma realista, que las corporaciones policíacas impidan con éxito que las personas consuman drogas. La sociedad y la ciudadanía deben hacerse responsables de sus propias decisiones como personas adultas, mientras que, desde el Estado debemos extremar las medidas preventivas e informativas entre todos, en particular entre la niñez y la juventud.

El enfoque de reducción de daños se entiende como un conjunto de intervenciones preventivas, sanitarias y sociales, que tienen por finalidad minimizar los riesgos por el uso sustancias psicoactivas, fármacos, o psicotrópicos, así como reducir los daños que se puedan derivar del uso nocivo o problemático. Estas intervenciones acercan recursos necesarios para generar entornos apropiados que fortalecen los factores de protección y reducen los riesgos y daños asociados al uso.

La presente iniciativa pretende por un lado proponer nuevos términos para el acercamiento al tema de los usos, los usos nocivos o problemáticos y la dependencia a sustancias, centrando la atención en la persona; agrega definiciones que buscan coadyuvar a desestigmatizar a las personas que usan drogas, aclarando que no todo uso es problemático o nocivo, no todo uso implica dependencia a sustancias y de igual manera, puede haber uso problemático o nocivo sin que haya dependencia.

Modifica el nombre del Capítulo IV Programa contra la Farmacodependencia, a Programa para la prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas. Una denominación alternativa podría derivarse del nombre del Capítulo II correspondiente al alcohol, para quedar como sigue: Programa para la Prevención, reducción y tratamiento del uso nocivo de sustancias psicoactivas y de la atención a la farmacodependencia.

Otro cambio consiste en tipificar en el artículo 192 bis conductas y circunstancias, en lugar de personas, para evitar la discriminación y la estigmatización de las personas que usan drogas o sustancias psicoactivas, y para facilitar entre las partes involucradas el acuerdo de los objetivos a alcanzar de la atención brindada tanto a la usuaria o el usuario, como a las personas que le rodean.

Además el término “Detección temprana” es ampliado en su definición, para incluir la detección de una multiplicidad de factores de riesgo, tales como la exclusión social, la presencia de conductas antisociales, o la presencia previa de padecimientos en la salud mental, y no solamente la detección de un primer consumo. El uso de sustancias psicoactivas es un riesgo de abuso, especialmente en población menor de edad, pero detectarlo sin atentar contra los derechos a la vida privada puede representar un riesgo de abuso a los derechos humanos de quien usa. Hay procedimientos menos intrusivos para detectar el posible uso de drogas, que es solo uno de varios factores de riesgo detectables para lograr intervenciones más efectivas de prevención, tratamiento e inclusión social.

La propuesta elimina de este apartado el término “narcóticos”, ya que considera que el termino más adecuado de acuerdo a la terminología de salud es sustancias psicoactivas, además de contribuir a reforzar el abordaje de la prevención reducción y tratamiento desde el enfoque de salud.

Por último modifica el artículo 199 del Código Penal Federal, para armonizar lo que a términos de la ley general de salud refiere en materia de uso de sustancias.

INICIATIVA CON PROYECTO DE DECRETO POR EL QUE SE REFORMAN Y ADICIONAN DIVERSAS DISPOSICIONES DE LA LEY GENERAL DE SALUD Y DEL CÓDIGO PENAL FEDERAL EN MATERIA DE PREVENCIÓN DE RIESGOS Y DAÑOS ANTE EL USO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS.

ARTÍCULO PRIMERO: Se reforma la fracción XXI del artículo 3; el párrafo C del artículo 13, la fracción III del artículo 112; la denominación del Capítulo IV del Título Décimo Primero; los artículos 191; 192, 192 Bis, 192 ter, 192 quater, 192 quintus, 192 sextus, 193 Bis; la fracción II, III, IV, VIII del artículo 473, el artículo 478 y 481, se deroga el segundo párrafo del artículo 193 bis.; todos de la Ley General de Salud, para quedar como sigue:

Artículo 3o.- En los términos de esta Ley, es materia de salubridad general:

I a XX…

XXI. La prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas y la atención integral del uso, abuso, y dependencia a dichas sustancias;

[…]

TÍTULO DÉCIMO PRIMERO
Programas Contra las Adicciones

[…]

Capítulo IV
Programa para la prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas

Artículo 191.- La Secretaría de Salud y el Consejo de Salubridad General, en el ámbito de sus respectivas competencias, se coordinarán para la ejecución del programa para la prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas, a través de las siguientes acciones:

[…]

La información que reciba la población deberá estar basada en estudios científicos, ética y derechos humanos y alertar de manera clara sobre los efectos, riesgos y daños físicos y psicológicos del consumo de éstas, pero además alentar un trato digno y respetuoso hacia las personas que usan sustancias psicoactivas.

Artículo 192. – La Secretaría de Salud elaborará un programa nacional para la atención integral de la prevención, el tratamiento, la rehabilitación y la reducción de riesgos y daños ante el uso, el abuso, y la dependencia de sustancias psicoactivas, y lo ejecutará en coordinación con dependencias y entidades del sector salud y con los gobiernos de las entidades federativas.

Este programa establecerá los procedimientos y criterios para la prevención, reducción de riesgos y daños, tratamiento y en su caso rehabilitación de uso nocivo de sustancias psicoactivas; será de observancia obligatoria para los prestadores de servicios de salud del Sistema Nacional de Salud en todo el territorio nacional y en los establecimientos de los sectores público, privado y social que realicen actividades preventivas, de tratamiento y de control de las adicciones y la farmacodependencia.

[…]

Artículo 192 bis.- Para los efectos del programa nacional se entiende por:

I. Dependencia: presentación de signos o síntomas de dependencia a sustancias psicoactivas, estupefacientes, psicotrópicos o fármacos;

II. Uso: Consumo o utilización de sustancias psicoactivas, estupefacientes o psicotrópicos, haya o no dependencia, haya o no uso nocivo;

III. Uso nocivo, abuso o uso problemático: Uso que causa o contribuye a causar daños en la salud de quien usa o de quienes le rodean.

IV. Suspensión del abuso de sustancias psicoactivas: Proceso mediante el cual la persona con uso nocivo o problemático de sustancias participa en forma voluntaria en la superación de su uso nocivo o problemático con el apoyo del entorno comunitario en la identificación y solución de problemas comunes que lo provocaron.

V. Atención médica: Al conjunto de servicios que se proporcionan al individuo, con el fin de proteger, promover y restaurar su salud;

VI. Detección temprana: Corresponde a una estrategia de prevención primaria y secundaria que tiene como propósito identificar el riesgo de uso nocivo de sustancias psicoactivas a fin de aplicar medidas preventivas y terapéuticas de carácter médico, psicológico y social lo más temprano posible;

VII. Prevención: El conjunto de acciones dirigidas a evitar o reducir el uso o el uso nocivo o problemático de sustancias psicoactivas, así como los riesgos sanitarios, sus consecuencias físicas, psíquicas, económicas, familiares y sociales;

VIII. Atención a factores de riesgo y de protección: El conjunto de acciones dirigidas a identificar y reducir, en las poblaciones y en las personas, los factores que incrementan el riesgo de uso y dependencia problemáticos, tales como la exclusión social, así como a identificar y fortalecer los factores de protección que reducen este riesgo, tales como la promoción de la salud y el fortalecimiento del tejido social.

IX. Reducción de daños: conjunto de políticas, programas y prácticas no coercitivas e incrementales, orientadas a evitar o reducir situaciones de riesgo, mejorar o limitar los riesgos y daños asociados al uso de sustancias psicoactivas.

X. Tratamiento: El conjunto de acciones que tienen por objeto eliminar el uso o reducir los riesgos y daños que implican el uso y abuso de sustancias, abatir los padecimientos asociados al consumo, e incrementar el grado de bienestar físico, mental y social, tanto del que usa, abusa o depende de esas sustancias, como de su familia;

XI. Investigación en materia de uso, dependencia, uso nocivo o problemático de sustancias, tiene por objeto determinar las características y tendencias del problema, así como su magnitud e impacto en lo individual, familiar y colectivo; construyendo las bases científicas para la construcción de políticas públicas y los tratamientos adecuados para los diversos tipos y niveles de usos de sustancias; respetando los derechos humanos y su integridad, y

XII. Sustancias psicoactivas o que alteran la conciencia: Son aquellas sustancias de origen natural o sintético que cuando se consumen por cualquier vía, tienen la capacidad de generar un efecto directo sobre el sistema nervioso central, que está compuesto por el cerebro y la médula espinal, ocasionando cambios específicos a sus funciones. Estas sustancias son capaces de inhibir el dolor, modificar el estado anímico o alterar las percepciones.

[…]

Iniciativa presentada por la Senadora Martha Tagle “con proyecto de decreto que reforma y adiciona diversas disposiciones de la Ley General de Salud y del Código Penal Federal, en materia de prevención de riesgos y daños ante el uso de sustancias psicoactivas.”

 

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Presentación en el IAPA del libro “El drama social y familiar de las adicciones” de Rogelio Araujo Monroy

Gracias al Dr. Rogelio Araujo por la invitación, y al Dr Rafael Camacho y IAPA por el espacio, el interés y la apertura.

Quisiera comenzar con una cita tomada del libro que presentamos y comentamos hoy. En el capítulo IV, “La teoría social y cultural de las adicciones”, el autor cita a René Girard:

La hipótesis que proponemos es, que la sociedad intenta desviar hacia una víctima relativamente indiferente, una víctima ‘sacrificable’, una violencia que amenaza con herir a sus propios miembros, los que ella pretende proteger a cualquier precio.

Y a continuación el autor reformula:

La violencia a través del sacrificio de uno [el drogadicto] congrega y promueve la cohesión de la mayoría; organiza y favorece la continuidad y permanencia de la comunidad. (…)

ElDramaIAPA14sep2015Es de veras un reto organizarnos como comunidades. Esto lo sabe cualquiera que viva en un condominio. Uno donde, digamos, viven cinco o veinte o más vecinos, que tienen que ponerse de acuerdo para el pago cuotas de mantenimiento, para decidir cómo y en qué se van a ejercer los recursos, y para establecer y hacer cumplir reglas mínimas. Ni siquiera tiene que haber historias dramáticas de drogas ni de adictos. En ese intento por organizar a la comunidad a través de los meses y los años, van surgiendo una o varias “ovejas negras”, vecinos que no se asumen como parte de, vecinos que no quieren trabajar con otros vecinos, grupos antagónicos claramente identificables.

Aun sin ser necesarios los dramas por adicciones o por drogas, en la organización vecinal ya aparecen las “representaciones sociales” o colectivas: el loco o la loca, la tonta o tonto, el raro o rara, los juicios que califican o descalifican, y que con ello pretenden brindar pautas de orden, sentido y dirección al trabajo colectivo para que la comunidad prospere.

Digo “pretenden” porque cuando se comienzan a seguir efectivamente reglas mínimas de convivencia, lo que resulta más conveniente para todos es compartir un marco común de identidad: todos somos vecinos. Aunque haya diferencias, compartimos la identidad común de ser vecinos. Es una identidad mínima común, que se respeta para tranquilidad de todos. Porque a cualquiera lo pone intranquilo pensar en que puede ser el siguiente “sacrificable”.

En la realidad coexisten muchas historias. Podrán proseguir las diferencias o representaciones “del otro”, incluyendo “mitos del otro como sacrificable”, pero cuando el beneficio de una identidad mínima compartida es evidente, estos dramas deben pasar y efectivamente pasan a segundo plano.

Se suman voluntades. Se comparten visiones de objetivos en común. Se logra la colaboración. Incluso la colaboración espontánea. Se aprovechan al máximo los recursos humanos. Se economiza. Esto es lo que se logra cuando hay un acuerdo común de identidad compartida para colaborar.

Antes que ser darketos o punks, liberales o conservadores, usuarios de drogas o solamente prediabéticos comedores compulsivos de garnachas, todos compartimos una identidad mínima. El tema de nuestros acuerdos mínimos sobre quiénes somos y cómo prosperamos como colectividad, ha sido abordado por todas las culturas. Una identidad mínima común fue recogida por nuestros constitucionalistas con el término de “garantías individuales”; otra estrechamente relacionada es la noción de los derechos humanos, que predomina hoy en las políticas públicas desde la escala internacional hasta el trato con mi hija de ocho años.

La prohibición del uso de drogas, la opinión de que el mero uso de drogas, aunque sea en privado, ya pervierte y hace merecedor a quien las usa “de ser sacrificado”, no forma parte de esta identidad mínima común.

Pretender que se pueden construir políticas públicas de drogas, a partir de un régimen sanitario y jurídico que aprovecha el miedo por el tabú, la subsecuente ignorancia del sentido común propiciada por este miedo, y la muy extendida condena moral a cualquier uso de droga ilegal, es económicamente inviable. Económicamente inviable, porque se está excluyendo no solo la participación de las personas que usan drogas, sino la construcción de una cultura de conocimiento.

El logro del libro El Drama Social y Familiar de las Adicciones es que desenmascara la realidad de un marco artificial de significación, un marco de MITOS: entendidos y relaciones, y de RITOS o acciones, que pretenden otorgar sentido a “la lucha contra las adicciones y las drogas”, y que se ha llegado a consolidar en nuestras culturas como verdad incuestionable. Un sistema que puede ser “conveniente” para perpetuar relaciones de poder, en la familia o en la vecindad. El libro intenta poner en evidencia el origen de nuestras creencias, miedos y respuestas ante términos como “adicto” y “droga”: es un sistema construido, un artificio, y como tal, puede o no estar fundamentado en la realidad. Es un sistema simbólico y ritual, en el que podemos elegir o no tomar parte, y que puede o no estar dando buenos resultados.

¿Está dando buenos resultados? ¿Puede dar buenos resultados un sistema de creencias que nos hace brincar cada vez que escuchamos un término como “adicto” o “droga”?

Para probar qué tan arraigados están estos dos términos, a nuestros impulsos más viscerales de respuesta, y no al raciocinio, les propongo el siguiente experimento. Quiénes de aquí ya bebieron café esta mañana. (contar)

¿Saben que el café es una droga? Compañera: usted se drogó esta mañana. Mi muy respetable funcionario público: usted se acaba de drogar. Todos ustedes se drogaron esta mañana, con café. ¿Cuántas tazas toman al día? Basta con estar tomando una o dos tazas de café, para que el día en que el café falte, o que se lo beban sin cafeína, por la tarde comience a dolerles la cabeza. Todos ustedes que acostumbran beber café todas las mañanas, son dependientes. Si les digo “Adictos” por acostumbrar beber café, tal vez me aclaren que no, mientras no haya un uso compulsivo.

¿Entonces el problema no es la dependencia, sino el uso compulsivo? Cuántos de nosotros nos conducimos en forma compulsiva, aunque sea de vez en cuando. La ansiedad aquella que produce las conductas compulsivas, está muy expandida. Y conduce a daños considerables, que en muchas ocasiones nada tienen que ver con drogas. Qué hay de mirar el celular compulsivamente, incluso cuando vamos caminando o conduciendo, so riesgo de un accidente. Qué hay de comer compulsivamente. Desayunar torta de tamal todos los días, o llevar una dieta poco balanceada a pesar de las campañas contra la diabetes y a favor de comer frutas y verduras, ¿no es una conducta compulsiva? ¿Conocen el incremento exponencial de las muertes atribuibles a la diabetes en los últimos 20 años? ¿No son los carbohidratos simples, la principal sustancia de abuso en este país?

Así nos podemos seguir, en un proceso de deconstrucción de las cargas de sentido, de palabas como droga y adicción, cómodos “enemigos públicos” a modo, pero poco racionales, poco útiles para reducir efectivamente daños, y promotoras de una cultura de filicidio.

Entonces el problema no es la dependencia, ni siquiera el consumo compulsivo, sino la ansiedad. O el problema no es la droga, sino una práctica dañina en particular. O la falta de información. O la falta de una cultura preventiva, en donde los amigos del borracho puedan ayudarle a manejar, ya no el uso de alcohol sino el automóvil –que se ponga borracho si la ocasión lo amerita, pero que no se accidente y vaya a matar a alguien.

Conviene al bien común trascender los sentidos de droga y adicción como males absolutos a combatir. Las drogas sí implican riesgos: esto siempre debe quedar claro. Riesgos que se tienen que especificar en cada caso. Hay que trascender los mitos y los ritos, que designan a la loca del edificio, al raro o tonto u ogro del condominio, para efectivamente llegar hasta esa llave que gotea, y cerrarla. Para poner ese letrero de basura orgánica a ese tonel, y lograr un acuerdo común sobre cómo usarlo. De la misma forma hay que trascender los velos de estos calificativos, para aproximarse a cada práctica específica con drogas que requiere atención para reducir los riesgos.

Aquí un gran reto para las políticas públicas y la cultura de prevención de daños: cómo informar sobre riesgos de prácticas específicas con drogas, sin hacer publicidad a esa práctica, al uso de esa droga o de las drogas en general. Porque cada vez que hablamos sobre drogas les estamos haciendo publicidad. Estamos dirigiendo interés hacia las drogas, aunque digamos que son malas. Es mejor decir no que son “moralmente malas” (lo cual representa una gran publicidad para un amplio sector rebelde de la juventud) sino que implican riesgos. En ocasiones, riesgos mortales.

Cómo establecer advertencias en el camino que un joven ya está recorriendo, sin hacerle una publicidad innecesaria a ese mapa de caminos, a otros jóvenes que por fortuna o no, cuentan con otros intereses.

Podemos proponer que hay dos estrategias para prevenir daños, sin caer en la publicitación de las drogas, ni en su estigmatización. Por un lado, una estrategia preventiva general basada en el respeto a las drogas, como al fuego, o a las olas del mar. Es necesario establecer un marco de significación para hablar sobre el uso de drogas, donde impera el respeto, en lugar del miedo, y en lugar de la apología. Infundir al poder de las drogas un respeto paralelo al poder de otras fuerzas de la naturaleza.

Por otro lado, la estrategia preventiva específica a cada droga y a cada práctica, lo más cerca posible de donde ocurre, lo más cerca posible de los actores involucrados. Para esto sería necesario que las instituciones públicas atendieran no solo aquellos fragmentos más problemáticos de las prácticas con drogas. Lo ideal sería que atendieran al universo completo. No en el sentido de recibir a todas las personas que las usan, lo cual es insustentable. Pero sí en el sentido de percatarse de este universo de prácticas, en toda su diversidad y complejidad, y aceptando que no son necesariamente problemáticas o patológicas. Y de hacer partícipes a las personas que usan drogas, en el desarrollo de una cultura preventiva y de reducción de daños. La solución sustentable y económicamente viable, es invertir en la participación de todos, en la construcción de una cultura participativa con el objetivo común de prevenir.

Éste puede ser el sentido de la intervención comunitaria y social. Evidenciar las máscaras de los prejuicios, los mitos que dirigen rituales colectivos carentes de sentido, y encontrar lo significativo en intercambios donde hay propósitos claros de bienestar mutuo, de reconocer lo que sí podemos hacer como vecinos, como pares, como seres humanos que compartimos esta identidad mínima común. Todos somos personas que usan drogas, aunque les llamemos de otras formas.

Aunque su accesibilidad puede requerir un interés previamente desarrollado en ciencias sociales o humanidades, El drama social y familiar de las adicciones es una lectura que se disfruta y se agradece. En lo personal me generó una productiva reflexión sobre mi propia historia familiar, de relaciones interpersonales, y sobre mi ansiedad social. Ojalá este libro nutra el debate sobre cuáles son los objetivos, cuáles son los prejuicios, y cómo abordamos la realidad humana de las drogas.

14 de septiembre 2015

Ricardo Berthold Sala

Director

Colectivo por una política integral hacia las drogas, AC

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Salud mental y políticas de drogas

MariaSabinaNicoRosenfeldTomaremos en serio a la salud mental como tema de política pública el día en que dejemos de insultarnos con el término “enfermo mental”. El día en que aceptemos, con humildad, que la ausencia de salud mental ocurre o ha ocurrido a todos. Y que, por lo tanto, la salud mental amerita la atención y colaboración de todos.

Tal vez lo que haga falta construir, antes que (o junto con) una política del uso de drogas, sea una de salud mental. Una política que aborde a la salud mental como un bien público a procurar y atender.

Tal vez nuestro continuo concebir y condenar a las drogas como un mal en sí, nos ha distraído respecto al bien a tutelar. Y tal vez la mejor forma de hacer política de drogas sea desde la procuración de la salud mental: de entornos saludables, de acceso a servicios de detección, prevención, atención…

Ordeno aquí algunos apuntes al respecto, basados en ideas compartidas entre especialistas en el tema de políticas sobre drogas.

1. Las personas usan drogas para atender su salud mental. Se recurre a los efectos de una sustancia psicoactiva u otra, con la intención de resolver una situación –grave o no– de salud mental. La situación puede ser un problema preexistente al uso, o derivado o agravado por el uso. O puede ser tan mundana como en estos ejemplos: recurrir a un café como estimulante para trabajar; recurrir al alcohol moderado en una fiesta para procurarse alegría y bienestar en familia o entre amistades.

2. Las personas con mayores problemas preexistentes de salud mental, son más propensas a experimentar con drogas como una forma de automedicación. Son también más propensas a padecer de consumos compulsivos y usos problemáticos.

3. Por lo tanto, si se atienden los problemas de salud mental antes de que aparezca el uso de drogas, los riesgos de abuso disminuyen. Esta prevención antes de las drogas, ¿es política de drogas, o política de “promoción de la salud mental”?

4. El uso social y otros usos recreativos, en considerables ocasiones brindan beneficios a la salud mental, aunque no estén exentos de riesgos. Negar estos beneficios, es negar la realidad misma de las sustancias psicoactivas y negarse la posibilidad de atenderla en forma integral.

5. Muchas sustancias psicoactivas –desde las benzodiacepinas hasta los alucinógenos, pasando por el MDMA– son aprovechables como facilitadoras en contextos terapéuticos de éxito comprobado en la atención a problemas de salud mental.

6. Hablar de salud mental es hablar de un objetivo deseable en términos positivos. Las políticas públicas pueden estar en contra de las drogas, en contra de las adicciones, en contra de los riesgos y daños, incluso en contra de la guerra contra las drogas. Pero ¿a favor de qué?

7. La salud mental, como la reducción de daños y la construcción de paz, se procura en colectividad. No solo mediante políticas públicas: mediante cultura.

Los órganos internacionales y las instancias del gobierno mexicano ya destacan en sus discursos la importancia de la “promoción de la salud mental“. Esto no se reduce a atender los casos más graves tales como esquizofrenia o bipolaridad. Un alto porcentaje de la población padece de ansiedad y depresión.

A final de cuentas, las personas usan drogas en un intento por empoderar su salud mental. Se experimenta las primeras veces para ampliar el mundo de experiencias. No necesariamente todos vamos a hacerlo con drogas, pero todos buscamos ampliar nuestro mundo de experiencias en algún sentido, como parte de nuestro apetito innato por crecer y desarrollarnos. La salud mental así lo exige. Las experiencias con sustancias psicoactivas han sido, son y seguirán siendo un campo más para el desarrollo y la ampliación de las capacidades humanas.

[Imagen: María Sabina, por Nico Rosenfeld, en Pijama Surf]

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Preguntas sobre políticas de drogas para candidatxs 2015

¿Cuáles deben ser las prioridades de las políticas de drogas?

¿Cómo destinaría usted el presupuesto para políticas de drogas, a grandes rasgos?

¿Dónde quedan los derechos de la juventud?

¿Debemos seguir deteniendo, extorsionando, y encarcelando a los jóvenes, solo por ser usuarios, solo por ser jóvenes?

¿Cómo puede un muchacho optar por contribuir a la salud de su comunidad y de su entorno, en una población coptada por el criminal pero redituable negocio del mercado ilegal de drogas?

¿Dónde queda la investigación de los daños reales y objetivos?

¿Dónde la investigación de medicamentos “controlados” pero esenciales según la Organización Mundial de la Salud?

¿Dónde el comprobado beneficio del uso legal de psiquedélicos para asistir en contextos terapéuticos?

¿Dónde quedan los derechos humanos y la justicia?

¿Cuánto presupuesto debemos asignar a la represión para reducir la oferta, y cuánto a prevención y salud?

La regulación del acceso a las drogas, ¿debe estar en manos de las bandas delincuenciales, de las fuerzas de seguridad del estado, o de las instituciones y la sociedad?

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