Viejas y originales masculinidades

¿De veras hay que reformular las masculinidades?

¿De veras solo han sido machismo, asqueroso y vil?

¿Toca neta a los hombres reinventarnos desde cero?

Tendiendo mi ropa al sol me percato de una vieja, auténtica y original masculinidad. Sucede que tengo el honor y el gusto de compartir hogar con dos bellas mujeres. Este trío de personas tenemos además la fortuna de poder ir a nadar juntas a una alberca cercana. Al volver a casa colgamos nuestra ropa mojada—trajes de baño, gorros reglamentarios, toallas y otros aditamentos—en nuestro pequeño balcón común.

Recientemente la menor que salía del baño me vió salir al balcón mochila y cosas mojadas en mano. «Ni te atrevas», me cantó para detenerme. Agarró su propia mochila y, adelantándose, colgó sus triques empapados ordenadamente sobre la silla Acapulco rodeada de plantas y de sol. Quizo evitar que yo le ganara ese lugar privilegiado para colgar lo mojado de *sus* pertenencias.

No problem. Yo desde hace algunas semanas suelo colgarlas sobre el barandal. ¿Por qué? Porque ahí les pega más directo el aire y el sol. Obvio. Me vale que se ensucien un poquito más de polvo. Me vale que las puedan cagar los pájaros, o que un vecino pisos arriba les salpique los restos de una colilla.

Nada de esto ha pasado. Descuelgo y guardo mis enseres más pronto que mis doncellas. Y están impecables, como las de ellas. Pero a ellas instintivamente el recurso del barandal como tendedero no les ha llamado. Apenas hoy a una le señalo «¿por qué no cuelgas tu toalla como yo?». Y ya estando en esas, y además estando la silla Acapulco ya ocupada por la menor, lo piensa dos veces y arrima su toalla a la mía. Y toma prestadas mis pinzas para colgar ropa, con las que garantizo no le caiga el chor mojado al guardia en la cabeza. La función dicta la forma.

Bueno, pues ahí una masculinidad tradicional. Vieja, auténtica y original. Ejemplos ha de haberlos por millares. Aprovechamiento de los recursos sin mayor fijón por las minucias de la higiene o del qué dirán. Diversidades cognitivas, les podemos llamar. Diversidad de género que enriquece la experiencia cotidiana de todos los géneros. Qué de nuevo tiene: nada.

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