La salud mental del tirador de Las Vegas

Hoy 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. Para celebrar la ocasión vamos a aclarar algunas imprecisiones que aparecen en un reciente artículo publicado en inglés y en español esta misma semana. Escrito por Fareed Zakaria, un destacado periodista y articulista de opinión basado en Nueva York, la versión en español que comento aquí apareció en El Confidencial y se titula Hablar sobre ‘enfermedad mental’ tras un tiroteo masivo es echar balones fuera.

Antes de comenzar propiamente con mi reseña de crítica constructiva, aclaro que soy un mero ciudadano de a pie cuyas credenciales son 1.- Un interés en desarrollar el tema de la salud mental en la política pública, en la cultura popular, y en los discursos académico y del “círculo rojo”; 2.- Una licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la UAM-X, carrera connotada en esta institución en particular por especializarse en análisis del discurso, así como una maestría aún sin concluir en Filosofía y Crítica de la Cultura; y 3.- Una trayectoria como activista en el desarrollo de políticas públicas y cultura sobre drogas y, más recientemente, sobre salud mental. Reitero que soy un “ciudadano de a pie” porque esto por sí mismo, además de la solidez de los argumentos que expongo y que la propia lectora juzgará, debiera servir como justificación suficiente para validar mi punto de vista.

En primer lugar agradezco que un periodista con la trayectoria y el reconocimiento del Sr Fareed aborde el tema de la salud mental, en un entorno mediático a menudo ingrato para con quienes nos hemos atrevido a abordarlo. El solo hecho de atreverse a colocar el tema sobre la mesa es de valientes.

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La primera imprecisión se encuentra en el título mismo, y no es atribuible a Fareed sino al trabajo de traducción. Resulta común traducir mental illness como enfermedad mental, pero por más expandida que sea esta práctica, esto no significa que sea correcta. Illness no es enfermedad. Disease es enfermedad. La palabra illness por sí misma se traduce unas veces como malestar y otras como padecimiento, y no todos los malestares o padecimientos son enfermedad. Además, se quiera o no el término enfermedad mental conlleva cierta carga peyorativa que puede evitarse: considérese lo despectivo del término enfermo mental. Una traducción más correcta para Mental illness, en este caso en particular, puede ser Padecimiento mental o Trastorno mental.

La segunda imprecisión consiste en señalar en el subtítulo que no existe una correlación entre salud mental y muertes por armas de fuego. Esta afirmación no se respalda en ninguna parte del artículo. Por cierto que, a continuación en este mismo subtítulo, Fareed deja ver claramente sus intenciones: denunciar los intereses que evitan que se hable de regular la venta de armas de fuego, y de que se correlacione esta regulación con los actos de violencia. Intención noble y loable, pero que —para su propio beneficio incluso— no debería distorsionar las nociones mínimas sobre nuestra salud mental como un tema de interés común.

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No tenía un historial de enfermedad mental que sepamos. Ésta es la tercera imprecisión. La mayoría de los especialistas en salud mental coincidirían en que este sujeto padecía de algún tipo de patología psicosocial (lo que el DSM–5 clasifica como Antisocial Personality Disorder).

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Aquí la cuarta imprecisión, y la que me parece más importante aclarar. Afirmar que las personas con desórdenes mentales no son inherentemente propensas a la violencia bien puede ser cierto. Pero también lo es que las personas con ciertos desórdenes mentales específicos sí son inherentemente propensas a la violencia: concretamente, aquellas con patologías psicosociales.

La pregunta que esta afirmación presupone está de origen mal formulada. Bajo su misma lógica se podría argumentar que tampoco las personas sin desórdenes mentales son inherentemente propensas a la violencia. Si es el caso que ni las personas con desórdenes mentales, ni aquellas sin desórdenes mentales, son inherentemente propensas a la violencia, entonces qué sentido tiene formular cualquiera de las dos afirmaciones. La afirmación además pretende dividir a la población en personas con y personas sin desórdenes de salud mental, siendo que en la realidad todos los seres humanos somos sujetos de padecer malestares o trastornos de la salud mental en algunos momentos de nuestras vidas. Esta división proviene de un enfoque que considero en cierta medida discriminatorio y de poca utilidad a la hora de avanzar en la discusión sobre las prácticas, la cultura, y las políticas en torno a la atención de nuestra salud mental.

La pregunta correcta en todo caso podría formularse de esta manera: ¿Cuáles son las condiciones de la salud mental de una persona capaz de violentar así a sus semejantes? Planteada de esta forma, la pregunta comienza a abrir el camino para la formulación de más preguntas y el encuentro de soluciones y propuestas. ¿Qué factores originan estas condiciones, a todas luces de alto riesgo para la sociedad, haya o no acceso a armas de fuego? ¿Cómo se aplica su detección temprana, así como su atención? ¿Cuáles son las herramientas con que contamos, como individuos y como colectividades, para detectar y atender estos factores de riesgo? ¿Cuáles son las mejores prácticas, cuáles los factores de protección que podemos aplicar, desde la formación de nuestros hijos, desde la educación, el desarrollo social, o la atención médica?

Por supuesto que es prudente y deseable regular el acceso a un factor de riesgo tal como la posesión y el uso de armas de fuego. Justamente al abordar el tema de la salud mental en forma apropiada pueden surgir preguntas más útiles para la especificidad del caso. Por ejemplo, ¿Cómo valorar la condición de la salud mental de quienes desean acceder al uso de armas de fuego? ¿Qué buscar? ¿Cuándo y cómo conducir a la persona con condiciones de psicopatología social hacia prácticas que reduzcan sus tendencias antisociales, acceda o no al uso de armas de fuego? ¿Cómo diseñar e implementar campañas que incrementen la sensibilidad y la respuesta oportuna de la sociedad?

Sí que tiene sentido, y mucho, hablar de promoción de la salud mental para prevenir la violencia. Esta afirmación se respalda en una amplia bibliografía de investigación, y por supuesto, en el sentido común. Quien se interese en el tema puede comenzar por revisar Promoting Mental Health, un reporte publicado por la Organización Mundial de la Salud (ONU) en 2005.

Reitero mi reconocimiento al Sr Fareed por poner el tema sobre la mesa, y por insistir en la importancia de la regulación del acceso a las armas de fuego.

¡Salud! Y que todos los días sean Día Mundial de la Salud Mental.

Ricardélico, Ciudad de México, 10 de octubre de 2017

Aquí el artículo original de Fareed Zakaria publicado en el Washington Post: Talking about mental health after mass shootings is a cop-out. Mi comentario publicado en la web del mismo artículo, y en mi Facebook.

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Archivado bajo Factores de riesgo y protectores, Salud mental

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