Imagino luego existo: Descartes

descarteslookingflyRené Descartes, el filósofo francés del siglo diecisiete, es más famoso por su “Pienso, luego Existo” (en latín Cogito ergo Sum) formulado en el Discurso del Método, así como en la segunda de sus seis Meditaciones metafísicas. Las Meditaciones Metafísicas de Descartes son conocidas además por el planteamiento hipotético del “genio maligno”, el que utiliza “toda su industria” para engañarnos; tal vez recuerden haber repasado esta historia en la Secundaria o así. Bueno, pues en la misma segunda meditación tan solo dos párrafos después de formular el “Pienso luego Existo”, Descartes atribuye un significado a “pensar” más amplio que en otras ocasiones. Descartes describe este “pienso” en términos que incluso podrían parecer inapropiados para uno de los fundadores modernos del Racionalismo. Cogito o “pensar” no se queda solo en “razonar”, pues abarca las experiencias de la conciencia en forma más general. Una definición que se parece más al “testigo” de la experiencia (de las percepciones, de las emociones, de los procesos mentales…) descrito en las tradiciones orientales sobre meditación. No digo más, juzguen ustedes mismos:

En suma, ¿qué soy? Una cosa que piensa. ¿Y qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, no quiere, imagina y siente. No es poco, si todas esas cosas pertenecen a mi naturaleza. ¿Y por qué no habrían de pertenecerle? ¿No soy yo el que ahora duda casi de todo, el que entiende y concibe ciertas cosas, el que asegura y afirma otras como verdaderas, el que niega todas las demás, el que quiere y desea más conocimientos, el que no quiere ser engañado, el que imagina muchas cosas, y siente otras como por el intermedio de los órganos del cuerpo? ¿No es esto tan cierto como que yo soy y existo, aun cuando ahora estuviera soñando o el que me ha dado el ser se sirva de toda su industria para engañarme? Alguno de esos atributos ¿puede ser distinguido de mi pensamiento, o separado de mí? Es tan evidente que soy yo el que duda, el que entiende, el que desea, que nada hay que añadir para explicarlo. Tengo también el poder de imaginar; aunque no sean verdaderas las cosas que imagino, no es menos cierto que en mí reside el poder de imaginar y que forma parte de mi pensamiento. Finalmente, soy el mismo que siento; percibo ciertas cosas como por los órganos de los sentidos, puesto que veo la luz, oigo el ruido, siento el calor. Se me dirá que estas apariencias son falsas y que estoy soñando. Aunque así sea, siempre es cierto, por lo menos, que me parece ver la luz, oír el ruido y sentir el calor; esto no puede ser falso; es, propiamente, lo que en mí se llama sentir, lo cual equivale a pensar. Ya comienzo a comprender lo que soy con un poco más de claridad que antes.

¡Un gran pasaje olvidado de la filosofía occidental!

RENÉ DESCARTES, Meditaciones metafísicas, segunda meditación, décimo párrafo. Editorial Porrúa, SA; edición “Sepan Cuantos…” número 177, México, 1971. Página 60. Versión española de Manuel Machado, revisada. Primera publicación: Ámsterdam, 1641.

Wikipedia: Meditations on First Philosophy

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